Mi abuelo esta metido en algo turbio.

Fxcking

Qué bajón ha pegado la historia...

Zinicox

El secreto es que eres tu abuelo y por algún trastorno disociativo tienes dos personalidades que tienen plena consciencia de la otra.

2
Drgranudo

Me bajo

Altoresso

Ahora lo recuerdo.
Desperté de la siesta. Me duché. Fui a ver a mi abuelo.

Vive en una casa en las afueras, San Julián de los Prados. Una casa antigua, dos plantas, con terreno. Tiene un perro, un gran danés, se llama Takahashi. He tocado el timbre y ha salido mi abuela renqueando hasta el portón. Secándose las manos en el delantal. Estaba nerviosa y tenia los ojos rallados, humedecidos. El abuelo está en cama desde anoche, dijo, pero es tan tozudo que no quiere ir al médico. Dice que es una gripe. Bebe demasiado.

Le he dicho que venía a verlo. He tomado las viejas escaleras de mármol y cruzado por su despacho, pues tiene una cama plegable donde hace noche a veces, cuando se pone a oír a Brahms y a beber y escribir cartas, dice la abuela.

Estaba con la cabeza pegada a la pared, tapado con una manta de cuadros, dándome la espalda. Me ha saludado con una ancha sonrisa. Me ha pedido que tome asiento y me ha indicado donde puedo encontrar una excelente botellas de Chivas Royal Salute 21 años. Que se bebe solo, sin nada, ha dicho. Se ha sentado en la cama, pidiéndome con la mano que lo ayudara a incorporarse. He servido dos copas.

Hacia unos diez años que no nos veíamos de tú a tú. Yo estaba en la época de salir para no volver y la universidad y toda esa frecuencia. No era sino el viejo, mi abuelo.

Me muero. Todos lo hacemos, he replicado. Yo me muero esta noche, querido. ¿Cómo estás tan seguro? Por que llega un momento que te lo dicen.

Entonces he tenido que componer algún gesto violento o muy decidido porque me ha hecho señas para que me callara, como si no fuese importante que yo hablara. Al menos no todavía.

Nací hace ochenta y cuatro u ochenta y cinco años, hay un año que me baila. Cuando tenía siete años salí de casa, llamado por no sé sabe que voces, y estuve caminando por los montes unos tres días. En aquellos tiempos lo más inofensivo que te encuentras en los bosques es un panda de lobos hambrientos hijos de puta. Pero yo no tenía miedo. Me encontré con una mujer, muy vieja y fea y me dio a beber un agua muy turbia en un cuenco de barro. Yo tenía mucha sed, querido. Cuando bebí la mujer se tornó joven, atractiva y estaba desnuda. Pero yo era inocente aún.

No te preocupes, el tiempo es corto, todo es relevante.

Me dijo que yo era muy guapo y que sería un señorito, conocido y respetado. Mi padre tenia un poco de ganado y ni siquiera era suyo, era inocente pero nunca fui gilipollas. Tenía que darle un beso y ella me convertiría en un rey moro, dijo. Me pareció un trueque evidente. Cuando fui a besarla ella comenzó a reír y pude ver el estado de sus dientes, sucios y podridos, por una fracción de segundo. Como si se tratara de una ilusión. Eché a correr.

Tardé cuarenta años en entender a quien había conocido.

Un tiempo después le dije a mi padre que debajo de una piedra había oro. Vino a cruzarme la cara por pilluelo pero no me moví y le dije, levanta la piedra. Había oro. No te preocupes, no vale el oro en malas manos. No había pasado sino un par de meses y lo encontramos ahorcado.

Pero apareció un hombre. Un gitano, uno de verdad. Romaní. Vino cuando la histeria y el luto en mi casa era fuerte y, como tenía los ojos hermosos, dicen, rondó a mi madre y pasó con ella unas semanas. Hasta que su hermano se enteró y vino a poner orden y lo sacó a patadas. Pero ese hombre, me decía que se llamaba Aristóteles unas veces y otras Avicena, evitó que se me tragara la tierra. Todavía recuerdo los gemidos de mi madre, le quitó la peste de la muerte en pocas sesiones de alcoba. Solía decir que yo tenia metido un nombre que no era el mío y que él se lo iba a llevar, porque yo era un niño con ángel y no seria de justicia que yo cargara con un nombre tan feo. Yo no lo entendí. Pero una madrugada, mi madre roncaba, fue a buscarme en la habitación y me llevó hasta el riachuelo, sacó una calabaza con un tapón de corcho me dio a beber meado de algún animal fermentado, me emborrachó me lanzó al agua y sostuvo mi cabeza debajo hasta casi ahogarme.

Empezó a llorar a gritos y dijo, no es de agua, no sirve. Y entonces quemó toda mi ropa en una hoguera, pero no paraba de llorar y decía que no era de fuego. Así que me tuvo desnudo al socaire de la noche. Y más lloraba porque decía que tampoco estaba en el viento, así que dijo una palabra y empezó a desternillarse de la risa, saltaba de jubilo y decía que era de palabra y que eso era bueno, porque hay palabras que matan y otras que dan vida. Caí enfermo, casi muero, neumonía dijo el médico rural.

Todavía me rio de su diagnostico.

¿Sabes una cosa? No podemos escapar de nuestro destino.

Me ha señalado un cajoncito dónde hay unos puros y he vuelto a servir dos copas más.

Ya que estamos divirtiéndonos, hagámoslo bien, ha dicho. Hemos brindado.

Y ha seguido hablando.

5 1 respuesta
Shikoku

Ya da bastante perecilla el cuento

Heysen
#214Altoresso:

Me muero. Todos lo hacemos, he replicado. Yo me muero esta noche, querido. ¿Cómo estás tan seguro? Por que llega un momento que te lo dicen.

Que esa frase sea un diálogo... Mejora el estilo, macho

4
Blacknark

Quieres ser el nuevo Zafón, bien, pero por tu vida escribe correctamente los diálogos o va a ser un suplicio leerte.

3
MrBigel

Todos estos comentarios degradantes no te quitan el mérito de que la introducción ha sido cojonuda, sí creo que la historia ha perdido. Es lógico, quizás no por el contenido si no por como lo has servido, pausar tanto al lector creo que lo saca de la historia y olvide matices importantes cuando lee un fragmento nuevo.

6
Altoresso

Ha empezado a toser fuertemente pero eso no le ha impedido seguir saboreando su puro. La abuela ha hecho ruido al pasar por el pasillo y mi abuelo ha bajado un poco la voz.

  • Después de lo de mi amigo el gitano pasé algunos años aturdido, como en una depresión, a ojos de los vecinos e itinerantes yo no era más que el niño alelado de la viuda, quesera por demás. - continúo intercalando algunos sorbos entre su historia. - Imagino que conoces Ojo Guareña ( cerca de donde me crie, como sabes), ese complejo de cuevas y ramificaciones de Burgos que según la cifras oficiales supera los cien kilómetros de recorrido, pero ya te digo yo que llegan hasta el centro de la tierra; pues hace muchísimos años se levantó una ermita en la entrada, en puridad lo que se hizo realmente fue levantar un frontón en la ladera de uno de los farallones.

  • Cualquiera te dirá, y aún si preguntas a periodistas y profesores de historia, que la ermita fue dedicada a San Bartolomé, pero si sigues “excavando” llegarás hasta el perfectísimo San Tirso. No busques en los santorales, no aparece en prácticamente ninguno. Hace muchos siglos hubo un culto muy fuerte hacia esta persona y tú sabes que la Iglesia tiene por eficaz para clausurar al entendimiento general un misterio y un poder el convertirlo en Santo y apropiárselo. Y cuando no tienes fácil hacer los oficios pertinentes ubicas el martirio en la época de Diocleciano y listo, total uno más uno menos. Pero antes la gente era menos tonta te lo aseguro.

  • En griego Tyrssos significa el que contempla, observarás que es un nombre significativo. Pero volvamos un segundo al comienzo, cierra un poco esa ventana o no podré terminar a tiempo. - Por cierto que la contemplación no es una labor humana, es demoniaca, lee si no a Aristóteles correctamente. Si es que hoy día se puede.

He asentido y me he levantado absorto hasta la ventana. He vuelto a llenar las copas.

  • En mis tiempos los pueblerinos guardaban como oro en paño, del oído de otras comarcas , de los gobernadores y de la iglesia a su curandero personal, un analfabeto anciano, desdentado, al que llamaban el brujo. Vivía en el Ojo Guareña. Era hombre sabio y realizaba sanaciones de toda índole. Recibía solo en algunas fechas concretas del año, y solo en lunas llenas, así que puedes figurarte las colas y procesiones que se formaban. Mi madre, cansada de verme como un mueble, ausente y apolillado, cogió los mejores quesos que tenía hizo un hatillo y me arrastró como a una cabra hasta el brujo. Pero realmente lo que más hacia era leer, en el libro invisible.

  • No pienses tampoco que por ser una ermita teníamos allí a la iglesia permanentemente y cuando así era, todo el pueblo se tornaba más papista que el papa, hasta se engalanaba todo haciéndose indagaciones sobre el gusto personal del misionero de turno, pero cuando el pueblo volvía a su sangre, sus propias costumbres e historias, en casos como los de aquella tarde, se formaba una larga cola y se ponía una cortina en la entrada de la ermita e iban pasando los enfermos, los locos y los desahuciados.

Me he levantado a encender mi puro mientras prestaba toda mi atención.

  • Uno a uno iban saliendo y se oían los vítores y los rezos y se hacían alabanzas a San Tirso el santo no santo. Pues por cierto, se decía que desde 1616 reposaba su cráneo en la ermita, traído desde muy lejos. Cuando llegó mi turno una de las ancianas del lugar que asistía con frecuencia a nuestro brujo, salió diciendo que no se atendería a nadie. Y fue grande el enfado pues detrás nuestro quedaban decenas de personas, incluso algunos foráneos haciéndose pasar por autóctonos. Alguien quiso indagar y se le dijo que el brujo había quedado abotargado con el hijo de la quesera y que lo había rechazado tres veces y al marcharse se había puesto de rodillas ante el niño y lo había llamado padre.

  • Hay algunos hombres, hijo, que sobrepasan los limites. Hay, ya no deben quedar sino cuatro o cinco en el mundo, personas capaces de obrar lo increíble. No me des por vencido ni me señales de loco, pero te juro por mi nombre que San Tirso no era de este mundo y que cuando el hombre señalaba a los dioses lo tocaba a él de perfil y cuando Tirso señalaba podían empezar a entender. El brujo me tomó bajo su cuidado y me ocupaba algunas semanas al año con él, le impuso a mi madre una dieta estricta y solo podía beber del agua que el nos diera, y comenzó a enseñarme las cuevas. Hay pinturas, llama a los eruditos, llama a los gestores de turismo, a los arqueólogos, llámalos a todos, te dirán de su valor cultural con el peso descriptivo de un párvulo, pero yo te digo que allí aprendí, en la cueva de las pinturas qué es un hombre y qué es una mujer. ¿Parece una chorrada? Pero eso es porque nuestra cientificismo y nuestro dogmatismo, al estilo de como sepultan los misterios los católicos, se han encargado de barrenar todo posible acceso al conocimiento primero. Si te digo que entendiendo qué es un hombre se le puede traer de los muertos ¿me entiendes ahora? Pero eso no se ve en un laboratorio hijo, hay que superar el velo del engaño.

  • Y ya si te digo que en una de las cuevas, esto lo puedes rastrear en archivos oficiales, había un antiguo príncipe moro que se refugió de sus perseguidores al modo de un Saúl en las cuevas, hasta morir de hambre,¿ y si te digo que ese hombre fue a morir allí para darme su oro y no poco, y si te recuerdo lo que me había dicho aquella vieja bruja a mis siete años, que me convertiría en un rey moro? ¿Qué me dirías sobre el tiempo, sobre el pasado, el futuro?

  • Que no los conocemos – he respondido.

  • El problema, hijo mío, es que no hay personas validas, no es un tema de capacidad es un tema de valores, de coherencia interna ¿se puede tener una fe apta para rodar montañas si en el interior uno es un hipócrita consigo mismo?

  • No – dije.

  • Porque el poder de un hombre reside en sus entrañas. Dicho sea en clave metafísica. Pasaron muchas cosas en aquellas cuevas, algunas no te las contaré yo, las descubrirás tú; luego me enfadé por diversos motivos con el brujo y me marche lejos, tendría unos dieciséis años, hasta que un día me alcanzo un pastor conocido y me dijo, “por fin, llevamos días detrás tuya, sube al Ojo para que muera el brujo en paz, que lleva agonizando noches y no se muere, dice, hasta verte”

  • Subí entonces al Ojo Guareña, me puso sus manos en la cabeza, echó su aliento sobre mi y murió.

La abuela ha tocado la puerta, mi abuelo me ha dicho que me levante a abrirle y ella ha pasado con unos platos de queso y chacina. Mi abuelo ha sonreído. Le ha dicho a mi abuela que nos permite seguir hablando a solas.

¿Todavía no te acuerdas de mi? - me ha dicho el abuelo.

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Altoresso

No he tenido valor de contestarle así que he permanecido callado, de todas maneras parecía una pregunta retórica. Aunque ya casi no podía retener en mi boca todas las acusaciones y dudas que se habían levantado contra mi abuelo.

"Muerto el brujo empezó la rabia – mi abuelo sonrió. - Mira son muchas las leyendas que se contaban entorno a los moradores del ojo, ocasionales, superficiales y algunos más profundos. Un siglo antes había aparecido un mendigo de nobles modales que al poco se descubrió como San Bernabé y pidió se le adorara y desterró a las brujas, prohibiéndoles pasar del linde del río. Incluso echó al mismo diablo, o bueno, lo obligo a internarse, es por eso que digo que Guareña llega hasta el centro de la Tierra."
"Pero ese Bernabé, a quien nunca vi, no hizo su trabajo bien. Pasé un tiempo viajando a la capital y aunque era mozo y corrían los tiempos del Caudillo yo me las apañaba bien con mi oro y no me faltaba nunca una mujer encima de las piernas ni tragos de vino para mi barriga. Hice también mis negocios, como puedes suponer, pero viví al modo de Dionisos y cuando algún matón quería aprovecharse de mi, y los hubo, yo lo soñaba de antemano y volvía a mi casa. Pero empezó a faltarme el oro y resolví internarme en la cueva del moro donde yo sabía que hallaría más. Fue llegar al pueblo y me asaltaron las ancianas, entre las que reinaba la que había sido la mano derecha del brujo, Lucrecia, que viene de lucro – volvió a reírse de su broma.
“Tienes que hacerte cargo del Ojo, el brujo te impuso sus manos y desde que danzas a tu antojo se nos agolpan los demonios y los muertos y no dormimos tranquilas sino que nuestras hijas se extravían y nuestros muchachos se alzan perdidos...”. Pues así era la cueva y por eso digo que San Bernabé si lo hubo lo que hizo no lo retuvo... y volvía a parir a algún muerto y echaba por sus fauces y grutas a otro brujo, o demonio o representación. Yo tenía instrucciones del brujo sobre como proceder con cada ente, como verlos y como comportarme. Pero andaba descarriado dado al vicio y al fornicio y mi espíritu era una materia olvidada, famélica. Hice unas noches allí, para acallar a las viejas que tenían a mi madre atemorizada, forzándome a cumplir mi cometido, con apenas diecisiete años, y tras quedarme dormido, al tercer día, comencé a oír un ruido como de hierros retumbando o cadenas y algunos gritos. No recuerdo bien que usaba en aquella época, tenía una colonia echa de una receta y tenía que embadurnarme de ella, pintarme con cáscara de huevo triturada cruces en la barriga y la espalda, utilizar un paño blanco en la cabeza y rezar las oraciones que el mismo brujo había preparado a unos seres muy concretos, que el llamaba sus familiares y que no eran sino otros tantos demonios comprados".

Me he levantado a servir la enésima copa, ya un tanto achispado, mientras la noche caía fuera, deseando al mismo tiempo que terminase y que no lo hiciera, pero aguardando un momento que suponía sería el mío.

"Me interné en la cueva, siguiendo los ruidos del vocerío fantasmagórico, y llegué hasta una pequeña salita, una bifurcación sin salida como de dos por dos metros y no más de metro y medio de alto, a la que llamaban la celda. Yo sentí que era allí dónde tenía que pararme. Y hablé, no sé con precisión que dije, le habré soltado la cantinela de rezos aprendidos. Yo comencé a oír por contra una voz que me decía: Tu padre maldice tu nombre y nosotros hemos subido a buscarte. Porque hemos oído tus nombres y hemos querido cobrarnos las vidas que tienes y devorarte una y otra vez.
No tenía nada claro con qué estaba hablando pero si sentía un poder alto, muy elevado quisiera creer aún para el brujo. Yo le tiré todos los familiares y todos los muertos y demonios que el brujo me había pasado y fue mucha la desesperación que se volvió contra mi y una honda confusión hasta que reparé en que no estaba dónde creía sino en una parte de la cueva que no reconocía. Pisé desafortunadamente y caí, hubo de ser en un hoyo que no había visto antes y en mi sentir estuve cayendo un buen rato. Hasta que toqué fondo y di con mis huesos en el pétreo suelo.
“Nosotros somos los habitantes del No-Tiempo. Nada de lo que es tiene su ser aquí. Por lo tanto el vacío es nuestra morada”. Ahora la voz era suave y no amenazante, de pronto había dejado de sentir la presencia anterior y ya no contaba con la herencia del brujo, estaba inerme pero al mismo tiempo, limpio.
Lloré, mucho, muchísimo, lloré para toda una vida. De miedo, de alegría, de tristeza, lloré por todos los motivos dables y por los que nadie ha llorado antes.
“Tú nos mandaste llamar, tú quieres venir con nosotros.”
"Y claro, me fui con ellos. Visité el Palacio Blanco del Si y el No, El cementerio de los Dioses, la fuente del tiempo binario y el reino de los creadores, y otras tantas disparatadas ubicaciones. Pero, yo nunca estuve allí. Porque no se puede estar en el No-Mundo.
No quiero que ignores que ellos si vienen. Y me consta que ya has conocido directamente a uno, que son siervos menores, originalmente humanos. Nana Covadonga. Conocerás en breve a dos más. Tienes que soportarlos a los descarriados, pero también vendrán a ayudarte. Es muy complicado explicarte quienes son y qué pretenden, difícil porque estamos acostumbrados a leyes tan obsoletas como causa y efecto y acción repercusión y linealidad temporal. También hemos manejado demasiado las ideas de conflicto y de dialéctica. Podrás comprobar que todo adolece de una abotargante dualidad. Los seres del No-tiempo para lo que necesitas saber ahora son los seres que no pertenecen a nuestro plano. Es una burda mentira, pero te servirá de muletas para hoy.
"Un eón y cuatro días estuve en esa cueva. Hasta que pude salir. Me dirigí hasta Lucrecia y haciendo una ficción le hice entrega de lo más barato de la magia y un puñado de muertos insignificantes. “Ahora eres la bruja, le dije”.
Pues yo había recibido una misión muy concreta. Había participado con el Maestro Blanco de la confección del plan. Todo comenzó aquella mañana, subí al pueblo, me despedí de mi madre, arrendé un rebaño y cogí una casita en el pueblo vecino. Busqué a tu abuela, yo ya la había visto desde el No-mundo, me casé con ella y estuve así cinco años, apacentando ovejas y viviendo con mi familia. Hermosos y felices años de la más embelesante ilusión, pero ilusión de ilusorio. No importaba, ya había sido dispuesto todo.
Y entonces maté a un hombre".

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ReBeLStRiKe

#219 #220
¿RPV?

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Altoresso

 "¿Cuánto hacía por aquel entonces desde la promulgación de la Critica de la Razón pura, un siglo y medio? Tardamos mucho tiempo en sacudirnos el yugo del dogmatismo y gracias a mucho trabajo se consiguió atraer a un hombre hacia la ciencia del pensar verdadero, fue tanto el despliegue energético, intuyo que él mismo lo sabía, que tuvimos que limitarlo, durante casi ochenta años, en Königsberg. Con Kant logramos hacer entender cuál es el intríngulis del conocimiento y restamos un poder inmenso a los adoradores de la niebla."

"Vuelvo entonces de mi viaje del No-Mundo y con tan sólo veintidós años me doy cuenta de lo imposible de todo. Burgos años sesenta estaba en las antípodas de lo que necesitaba para el Plan del Maestro Blanco. Con Franco en el centro y la Iglesia aupándolo yo no estaba en condiciones de sustanciar a una serie de amigos, no al menos con un provecho notable para la Obra así que me las tuve que ingeniar para remodelar mi pequeño país. Me despido de mi mujer so pretexto de una salida de pastoreo larga, ella apenada, y paso por Ojo Guareña a por algo más de oro del rey moro. Saco unos seis kilogramos y doy por muerta la “mina”. Me dirijo a una filial clandestina del Partido Comunista, yo imberbe casi, y me encuentro a los eremitas Marxistas y Bakunianos, y en general un maremágnum de sindicalistas, anarquistas y silgas de todo tipo, pero del lado de mis intereses. España siempre llega tarde a todo, como la gloriosa república, lejos de verlo como un problema, arroja dos estímulos: el reto de atraer los escenarios de la modernidad que ya se estilan fuera y trabajar con unas energías, cuyo intercambio, favorece un carácter y una salud, que, aunque a priori parecieran nocivos y letales eran los vientos que necesitaba mi empresa."
"Pongo sobre la mesa una bolsa con tres kilos de oro y les digo quiero que viajen fuera, pues es un tema que yo desconozco y consigan editar una biblioteca de los imprescindibles para cambiar el paradigma vigente.  Uno de ellos, el secretario del PCE, dice que con ese oro buenos fusiles vendrían y le digo que se esté calladito. Imagina la escena, yo con ropas de pastorzuelo. Entonces pongo otros tres kilos en la mesa y les digo con este otro montoncito quiero que pongan a escribir a los más capaces y leídos y quiero que empiecen esta noche. Y quiero que se hagan muchas reuniones y se llamen a los que estén por entender"
"Entonces comenzaron a reírse a pesar del oro amontonado. Yo ya no estaba para menores y venía de donde venia así que, lejos de imitar al mesías, que ya te contaré de que planeta viene, le solté un puñetazo en la frente al líder de Burgos, que tenía una cátedra en griego, y les dije que en un mes volvería por allí y que podría haber más oro, pero lo que por seguro habría sería algún muerto. Que en adelante me temieran a mí".

"La cosa marcha a andar, viene gente de fuera, se crea un sólido grupo de eruditos, académicos muy entusiastas. Y las ideas van irrigándose como por decantación y pasan a lo llano del pueblo y la gente comienza a pensar como un ingles del siglo pasado que ya es un avance. Ya me lo había advertido el Maestro Blanco, hay muchos intereses puestos en la tierra y en su historia porque ofrecen un soberbio caudal de energía. Ya descubrirás a que me refiero. Una sola alma humana es capaz de abastecer un reino. En definitiva se sustancian un par de emisarios de la logia negra y adquieren con rapidez puestos de influencia. Uno de ellos dirige la policía secreta de Franco en Castilla y León con la intención de caer sobre mi, conocedor de nuestro plan. Viene hasta el ejercito en una redada sin parangón son apresados casi una centena de académicos y representantes. Entiendo que necesito mucho dinero pero a mi amigo el Rey Moro solo le queda un anillo. No da para nada. Sufro una de mis crisis empeño la sortija y me voy de farra. Con todos mis “trabajadores” presos y en horribles condiciones. Me paso con una y otra fulana de tugurio en tugurio. Sabedor además de que en casa mis dos niños y mi mujer pasan hambre. Estos son los que mueren, querido nieto, es un dolor inexplicable. Pese a que mi Maestro me había prohibido hacer uso de los muertos y de las malas artes, yo no dejaba de ser un hombrecillo. E hice mis cosas y demandé una señal. Y en una de las farras oigo a un italiano cantar una canción de su pueblo natal y es para mi una delicia, un volver a nacer. Voy y hablo con él y descubro que es capaz de fabricarme billetes, de diez mil pesetas, los que quiera. Tiene su gente allá. Me pide por cada millón de pesetas falsas pero buenas, doscientas mil reales".

"Le digo dame diez millones de pesetas. Y en un año te devolveré diez millones de verdad. Por influjo de mis espíritus, consigo lo que me propongo. A los dos meses los recibo. Voy a la cárcel de Burgos y empapelo a todos los funcionarios y llevo libros a montones y hasta un proyector de películas, total que la prisión de Burgos pasa a ser una Universidad y como dicen muchos historiadores y ya te digo yo que lo fue la punta de lanza de España en la lucha contra el franquismo. Esos muchachos están presos pero son libres y hacen libres a muchos otros. Llego a mi casa con dinero, excuso la venta beneficiosa de mi ganadería y le pongo a mi mujer ciento cincuenta mil pesetas de la época sobre la mesa. Pero a mi ya me han dicho los muertos que mis hijos van a morir, pensarás que de hambre y enfermedad. Si y no. Me piden a tus tíos, y se me los llevan a los dos de golpe: María y Claudio, en las semanas siguientes. Imagina tu abuela. Estaba por ahí rondando también un primo mío, Eusebio, un santo. Un hombre de dios, solterón, de joven seminarista. Saca sus pequeños cuartos de su trabajo en los campos con sus duras economías y es quien sostiene a mi familia, pasando con ellos los meses de mi ausencia.
Una noche me despierto y a los pies de la cama lo tengo postrado a todos los muertos y me dicen, no hagas que no lo sabes, pero nos falta uno y a este lo queremos de su sangre en tus manos. "

"Y lo maté, lo abrí con un cuchillo y le saque las tripas y separé el corazón y el hígado y los ofrecí como se me pidieron. Me costó medio millón de pesetas desaparecerlo y darlo por lisiado en una remota residencia Segoviana."

"Era la navidad de 1961 y unas buenas cajas de vino y unas cuantas patas de jamón entraron en la cárcel de Burgos para mis muchachos. La nochebuena mi mujer la pasó llorando sobre las tumbas de nuestros hijos muertos. Enterrados en nuestra propia tierra.
No es plato de buen gusto"

1
anythere

#221 Empezó a toser y mató a un hombre.

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