Sylvester Stallone escribió el guion de Rocky en 1975 inspirado, en parte, por el combate entre Muhammad Ali y Chuck Wepner. En ese momento era un actor prácticamente desconocido, con muy poco dinero y sin éxito en Hollywood. Varios estudios mostraron interés por comprar el guion, pero con la condición de contratar a un actor famoso para interpretar a Rocky Balboa. Stallone se negó una y otra vez porque consideraba que, si vendía el guion sin actuar en la película, perdería la oportunidad de lanzar su carrera.
Finalmente llegó a un acuerdo con los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff. Aceptaron que él interpretara al protagonista, pero a cambio Stallone cedió los derechos de la historia y de los personajes. Era un sacrificio enorme, pero en ese momento la prioridad era conseguir que la película existiera.
La apuesta salió mejor de lo que nadie esperaba. Rocky (1976) fue un éxito mundial, ganó el Óscar a Mejor Película y convirtió a Stallone en una estrella internacional. Durante los siguientes treinta años siguió siendo el principal responsable creativo de la saga: escribió o coescribió la mayoría de las secuelas, dirigió varias de ellas y dio vida al personaje en seis películas. A pesar de ello, la propiedad legal de la franquicia nunca fue suya.
Con el paso de los años, la franquicia generó cientos de millones de dólares en taquilla y se convirtió en una de las más reconocidas de la historia del cine. Stallone ha contado en numerosas entrevistas que, después del éxito de las primeras secuelas, intentó negociar algún porcentaje de la propiedad intelectual o, al menos, una participación permanente en los derechos de la franquicia. Según su versión, los productores siempre rechazaron esa posibilidad. Él seguía cobrando como actor, guionista o director, pero nunca como propietario de la marca Rocky.
Durante mucho tiempo evitó hablar públicamente del tema, aunque en entrevistas dejaba entrever que era una de las mayores decepciones de su carrera. La situación cambió a partir de la saga Creed. El éxito de Creed (2015) y Creed II (2018) demostró que el universo de Rocky podía seguir siendo rentable incluso con un nuevo protagonista. A partir de ese momento comenzaron a plantearse nuevos proyectos relacionados con la franquicia, como posibles series y películas derivadas.
En 2022 el conflicto explotó públicamente. Stallone publicó varios mensajes en redes sociales criticando con dureza a Irwin Winkler y a su familia. Los acusó de haber mantenido el control absoluto de una franquicia que él había creado y lamentó que, después de casi cincuenta años, nunca le hubieran cedido una pequeña parte de los derechos. Incluso afirmó que le dolía pensar que no podría dejar ese legado a sus hijos porque, legalmente, no era suyo.
Ese mismo año también se anunció el desarrollo de una película centrada en Ivan Drago, el personaje interpretado por Dolph Lundgren en Rocky IV. Stallone reaccionó con indignación, diciendo que nadie le había consultado y que le parecía una explotación de los personajes que él había creado sin contar con su opinión. Aunque más tarde Lundgren aclaró que el proyecto aún estaba en una fase muy inicial y que esperaba que Stallone acabara implicado, el episodio reflejó hasta qué punto la relación entre el actor y los propietarios de la franquicia se había deteriorado.
En paralelo, Michael B. Jordan asumió por primera vez la dirección de Creed III. Su intención era que Adonis Creed dejara definitivamente de vivir bajo la sombra de Rocky Balboa y construyera su propia identidad. La película se centró en la vida de Adonis, su familia y un antiguo amigo convertido en rival, eliminando por completo la presencia de Rocky.
Stallone explicó después que había decidido no participar porque no compartía la dirección creativa que estaba tomando la saga y porque ya no se sentía cómodo colaborando en una franquicia sobre la que no tenía ninguna capacidad de decisión. Aunque mantuvo una buena relación con Michael B. Jordan y elogió su trabajo como actor y director, dejó claro que sus diferencias eran con los propietarios de la franquicia, no con el equipo creativo.
En realidad, el conflicto tiene dos dimensiones muy distintas. Desde el punto de vista legal, la situación es bastante clara: Stallone firmó un contrato por el que cedía los derechos de Rocky, y esos derechos pertenecen desde entonces a los productores y a las empresas que los han heredado. No existe ninguna obligación legal de devolverle parte de la propiedad décadas después.
Desde el punto de vista moral, el debate es mucho más complejo. Muchos consideran injusto que la persona que imaginó al personaje, escribió la historia original y dedicó gran parte de su carrera a convertirla en un fenómeno cultural no tenga ninguna participación en la propiedad de la franquicia. Otros responden que aquel fue el acuerdo que permitió que Rocky llegara a los cines y que, gracias a él, Stallone obtuvo una carrera extraordinaria y ganó cientos de millones de dólares como actor, guionista y director.
En definitiva, el llamado "lío legal" no consiste en una batalla en los tribunales, sino en una disputa sobre la propiedad de una de las franquicias más importantes del cine. Stallone nunca ha discutido que los derechos pertenezcan legalmente a los productores; lo que lleva años reclamando es un reconocimiento en forma de participación en una obra que nació de su imaginación y que él convirtió, durante casi medio siglo, en un icono de la cultura popular.