Exprésate: rincón donde tú escribes

charlesmarri

¿Qué es esto?

Pues bueno, veo que en este foro hay gente que le da a eso de escribir. Personas con inquietudes que se expresan en hilos de letras que forman un contenido personal. Y fruto de esto, y de ver que a muchos les interesa el tema, he decidido crear este rincón donde podamos expresarnos, donde mostremos nuestros textos cortos, nuestras poesías y nuestro yo más íntimo.

No tiene mayor historia, "Exprésate" es este post y vosotros sois los que le vais a dar forma. Publicad todo lo que os plazca.

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Para futuros "críticos": en este post se toleraran todo tipo de críticas constructivas, pues ninguno es profesional y publicaremos textos que pueden gustar o no gustar a todos, pero nunca se aceptaran críticas destructivas, siendo éstas solicitadas con moderación.

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Y poco más. No sé si se ha intentado esto antes, si ha habido participación y tal. Espero que la gente se anime a escribir.

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charlesmarri

LA TRISTE TEORÍA DE LA CERILLA

La caja era preciosa: un granate que se extendía por todas sus caras y la tira de rascar en ambos laterales; tenía, también, finos adornos en dorado que decoraban sus esquinas. Y en el centro un gran corazón de oro. Enorme y resplandeciente. Expectante de ser abierto y dejarla salir a ella, a aquella cerilla que había sido la elegida de entre tantas y tantas otras. Ésta era una cerilla normal, como todas; la caja bien era especial pero las cerillas no. Las cerillas sólo eran cerillas, ni más ni menos. Había algunas largas, otras más cortas, otras con más fósforo y otras con menos, pero cada cual podía elegir entre el amplio harem que se expandía cuando uno decidía entrar a través de ese corazón dorado. Él eligió una, él eligió su cerilla. La miró detenidamente de arriba abajo, posó su mirada en la madera que formaba el cuerpo y en su cabeza roja, como el fuego que daría. Era ésa. La encendió con ternura arrastrándola contra el fósforo y rápidamente una enorme llama surgió de ella. Iluminó la oscuridad que rodeaba al hombre con una intensidad pasmosa. Él sonrió. Aquel momento duró meses, casi un largo año. Entonces la cerilla se estabilizó. Su llama se volvió más pequeña y comenzó a quemar la madera. Él seguía disfrutando de la calidez y de la suave luz que su cerilla le daba y vivió feliz en esta tesitura. Pero algo ocurrió con el tiempo: comenzó a sentir en sus dedos el calor de la llama que más y más rápida se acercaba a su mano. Quemaba. Miró a la cerilla con cierto temor, con miedo. Ella, impasible, continuó avanzando. Sus yemas ardían y el fuego, tras de sí, dejaba los restos ya pasados de una cerilla que en su día lució fuerte.

La madera moría. La cerilla moría. La llama prendía todo a su paso. Él tuvo que soltarla.

“¿Ahora lo comprendes?”, se escuchó cuando la cerilla chocó contra el suelo.

10 2 respuestas
ziordo

Escribimos aquí tal cual o colgamos links a un .doc?

(si es algo largo me refiero)

PD: en #1 has puesto dos veces "constructivas":

Para futuros "críticos": en este post se toleraran todo tipo de críticas constructivas, pues ninguno es profesional y publicaremos textos que pueden gustar o no gustar a todos, pero nunca se aceptaran críticas constructivas, siendo éstas solicitadas con moderación.

1 respuesta
charlesmarri

#3

Si es algo muy largo, puedes poner una especie de "prólogo" de lo que sea y luego colgar el Google Doc o donde lo hayas subido.

PS: Arreglado.

ziordo

Por qué no viene nadie?

Atravesé la calle sin mirar, como siempre que estoy asustado; casi prefería que me atropellasen.


Desperté con un leve, pero profundo dolor en el pecho. Supe de inmediato que estaba en la UCI del hospital. Aquel extrañamente cercano -joder, ocurrió ayer, pero a la vez, no hay ningún ayer. ¿Cuántos meses habré estado inconsciente?


Justo lo que faltaba, el accidente. Obviamente ahí no había nadie esperando a que abriese los ojos, no después de marcharme de casa. Sabrán papá y mamá lo de mi accidente? Sí, seguro, hoy en día es muy fácil localizar a la gente. ¿Pero, por qué no hay nadie? ¡Venga ya! ¿Acaso a nadie del curro le importaba? Ellos ni siquiera sabían que me habían despedido. Supongo que el jefe se lo diría y santas pascuas. Pero, ¿por qué no había nadie? Ni siquiera una enfermera. ¿Cuánto tiempo llevo despierto? No controlo aún muy bien los tiempos... Pero, ¿por qué no hay nadie? ¿De verdad ella estaba tan enfadada? ¿No sería otro farol de dejarme, como las otras veces? ¿Era esta la definitiva? Ciertamente, así lo pensaba antes del accidente. 


Supongo que estas cosas te hacen cambiar, ¿no? El trabajo en el fondo era una mierda, y rencillas con papá y mamá siempre ha habido. De ella recuerdo su olor. ¿Seguro? ¿Lo recuerdo de verdad? ¿Por qué, maldita sea, no hay nadie? 


En el fondo, quería estar solo un tiempo; quizás sea lo mejor. El conductor del coche me indemnizará, encontraré un nuevo trabajo y una nueva novia. Y papá y mamá lo entenderán todo. Quizás me haya venido bien este accidente, casi que lo deseaba al cruzar la calle. 


Ahora me siento mucho más-¿Por qué diablos no viene nadie?- vivo. ¿Me siento realmente más vivo? ¿Es esto un hospital? ¿Por qué, entonces, no viene nadie?
charlesmarri

ESTÁS SOLO, TONY

Estás solo. Te encuentras solo y en tierra de nadie. Sólo tú en una tierra desconocida que no es tu hogar. Lo sabes. Lo sabes pero no quieres reconocerlo. Te cuesta mirar de frente y aceptar que tus manos, tus pies y tu cabeza, acompañada del resto de tu cuerpo, se encuentran en una cama que antes jamás habían visto. Que antes jamás habían sentido. Pero te niegas a aceptarlo. No puede ser, te repites. Tú no. ¿Cómo ibas a ser tú? Esto siempre les pasa a los demás. Siempre le ha pasado a otros. Nunca a ti. Aún así no quieres verlo. No quieres sentir la realidad. Lo temes con todas tus fuerzas. Pero eh, recuerdas que tienes números de teléfono. Te levantas de aquella fría cama, rodeada de paredes muertas que encierran vidas pasadas iguales que la tuya, y te acercas al teléfono. Lo coges. Dudas. Dudas pero marcas. Entonces te paras. ¿A quién vas a llamar? ¿A tus amigos? Ellos son felices con sus vidas, y todo irá bien mientras no les cargues con tus problemas. En ese momento se echarán atrás. Malditos egoístas. Dirán que tienen cosas que hacer. Llámame luego. Hablamos. A ver si quedamos. ¿A tu familia? ¿Para qué? Suficientes cosas te echaron en cara en su momento. ¿A ella? Aquello acabó. Supéralo. No tienes a nadie a quien llamar. Cuelgas el teléfono después de escuchar un pitido cercano, casi íntimo, como si fuera lo único que aquella noche fuera a acompañarte. Vuelves a esa cama. No es culpa de la cama, sino tuya. Lo tuviste todo. Pudiste tenerlo todo. ¿O no? Tampoco malgastaste tanto. Simplemente las cosas son así. Pero no eres feliz, no ahora. Y miras por la ventana de aquel cuchitril. Y la ves. La luz. La paz. La libertad. La felicidad. Llámalo como quieras. Puedes llamarlo como quieras porque ahora mismo no es tuya. Aquella luz se encuentra a kilómetros de distancia. Tan lejana. Tan lejana que sólo puedes observarla con recelo y cabrearte por cómo otros la estarán disfrutando. Por cómo otros ya habrán llegado a ella. Pero no, tú no. Tú estás en aquella habitación. Miras al suelo y suspiras.

Fundido en negro.

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LiKaN

#1 ¿Los links a blogs se considera Spam? Por poner el mío que es donde está todo lo que escribo xD De todas maneras, buena iniciativa y a ver si se apunta más gente.

Caja de pino

No os preocupéis.

Ya me buscaré yo mi propia casa de descanso. La decoraré para que me recuerde a cuando era un chaval, con pegatinas de futbolistas ya retirados y dibujos de criaturas imposibles. Me acomodaré en una almohada con olor a sábado por la mañana. No necesito más que el cielo, por eso pintaré la tapa con las estrellas que nunca logré alcanzar.

Cavaré el hoyo con mis propias manos si hace falta. Lo suficientemente hondo como para no regresar jamás. Irme y no volver es lo que voy a hacer. Entonces diré a mis enemigos que me entierren, pues ellos lo harán sin miramientos, no quiero ojos tristes en mi lecho. Me iré con lo puesto, dejando atrás una bolsa llena de lamentos y malos momentos. Lo único que necesito es tener en cada bolsillo un bonito recuerdo, para que en las noches frías den el calor que necesita mi cuerpo.

Enterrado no podré molestar, incordiar o haceros enfadar. Mis silbidos sólo molestaran a los gusanos que devoren mi carne. Las notas recordarán a viejas canciones y se desvanecerán entre los encajes de la madera. Ya podré descansar y viajar a aquellos buenos momentos que nunca se deben olvidar, reviviendolos una y otra vez seré feliz hasta que llegue mi fin.

Porque esta es la carta que escribe un hombre a casi enterrar, pero no pasa nada, arrepentirse no es algo que vaya a pasar. Yo ya sólo quiero descansar.

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HiGher

Un paseo

Una luz negra reflejada en todas partes. No existe otra forma de alumbrar el camino. No allí. Sin saber si me dirijo hacia ella o me alejo, camino con el paso firme de alguien que ha decidido hacia donde ir.
Sus gritos aún retumban en mi cabeza. Escucho a Caos llamándome. Desesperadamente me recuerda que no tengo derecho a abandonarle, que crecimos juntos, que él me ayudó. Me hizo más débil por dentro y más fuerte por fuera. ¿De verdad me ayudó?
Sus gritos se pierden, y al momento otros pensamientos luchan por abrirse paso en mi conciencia. Nunca me ha gustado este sitio. Me pone enfermo. Sin embargo, siempre vuelvo. Supongo que espero encontrar algo aquí.
Mis pasos me llevan hacia una sombra. Demasiado absorto como para darme cuenta hasta que estoy a su lado. Acurrucada en la pared, no me enseña su rostro.
—Este no es sitio para ti —Le susurro—. Ni siquiera lo es para mí, solo estoy de visita. Dame la mano, saldremos de este lugar.
Duda, pero lentamente acerca su mano a la mía. Desaparece súbitamente, su sombra se mezcla en la oscuridad de la misma manera en la que las lágrimas se mezclan con la lluvia. No era lo suficientemente fuerte. Quizá llegué demasiado tarde. Quizá llegué demasiado pronto.
¿Por qué vuelvo? ¿Qué espero encontrar aquí? Quizá solo quiera salvar a alguien. Con salvar solo a una, habrá merecido la pena...

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H

Iba a crear un hilo de cómo escribir y por qué.

No sé, algo así como los estilos de demás, en contraposición a un libro que me leí hace mucho que se titulaba Cómo leer y por qué. Pero me dio no sé qué y no lo hice.

Pero bueno dadle caña. Sólo decir que cualquier chimpancé escribe un párrafo, lo difícil es hilar varios. Aún así, a mí me gustan leer estos, los gafapasta los llaman, cuentos ultracortos. Si sirve para conocer a los users y que estos vayan aprendiendo a desarrollar ideas bienvenido sea.

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charlesmarri

DE BRUJOS NEGROS Y TOKYO

—Imagina que fueras a morir mañana. Imagina que un maldito brujo se acerca a tu casa con una bolsa de donuts, pasa a tu salón y mientras tú le preparas un café, él se levanta y te dice que te queda poco más de veinticuatro horas de vida. ¿Qué harías?
—¿Pero es inevitable? Quiero decir, ¿moriría mañana sí o sí?
—Sí, viniste de África, de una selva perdida en el culo de África, y sin que te dieras cuenta una planta rosa escupió un virus a tu cara que te está jodiendo la vida.
—¡No quiero ir a África!
—Es una puta metáfora. África, Chile, Tokyo… ¿Qué más da? El caso es que vas a palmar mañana.
—Me gusta Tokyo. ¿De qué puede morir uno en Tokyo?
—De la maldita fiebre amarilla o por el anisakis. ¿O es qué no has visto como se lo comen todo? La única cosa frita que vi, cuando fui a Japón, fueron las patatas del McDonalds.
—No quiero morir por haberme comido un puñetero pescado crudo. No quiero que mis hijos vayan a la escuela y les digan “eh, mirad, son los hijos del gilipollas que se comió un bacalao crudo y murió”.
—¡Maldita sea!
—Joder, ¿qué pasa? Si me voy de este mundo por lo menos dame una muerte chula.
—¿Y el brujo?
—¿El brujo?
—Sí, joder, no has dicho nada del brujo. Te estás centrando más en cómo vas a morir y no le has prestado ni un minuto de tu tiempo al brujo. Es decir, que no puedes morir por comer pescado crudo pero no te importa que un brujo se beba un capuccino en tu salón mientras te dice que vas a morir.
—Tienes razón. ¿De dónde ha salido ese brujo?
—De África. El brujo ha venido desde África porque mientras se limpiaba el culo con una hoja de palmera te vio respirar la flor rosa de la muerte.
—¿No iba a morir en Tokyo?
—Entonces en vez de un brujo será mejor usar a un chino.
—Espera, Tokyo no está en china.
—Japoneses, chinos… ¿Qué más da? Son todos exactamente iguales.
—Yo tengo un amigo oriental que no se parece en nada a Jackie Chan. Creo que ese es un comentario bastante racista. Es como decir que todos los negros se parecen a Will Smith o a Michael Jackson.
—Mira tio, pase que con el puto príncipe de Bel-Air te metas, pero no hagas bromas con el aspecto del rey del pop. ¿Vale?
—Perdona, no sabía que fuera un tema por el que estuvieras tan susceptible.
—No es eso, pero ese hombre ha hecho mucho por el mundo.
—Y por los niños.
—¿No me toques los cojones, vale?
—Vale, vale, perdona.
—Joder, ya me has cortado el hilo de la conversación. Da igual negro, chino o judío. Da igual de África o de Tokyo, cíñete a la metáfora. Vas a palmar mañana y tienes veinticuatro horas por delante. ¿Qué harías?
—¿Por qué me preguntas esto? ¿He contraído alguna enfermedad que no sepa?
—No joder, sólo quiero enseñarte un poco de filosofía oriental que aprendí cuando fui a la tierra amarilla. Dime, ¿qué harías?
—Supongo que disfrutar de esas horas. Disfrutar demasiado. Bebería, follaría y me colocaría, siempre he querido probar la coca.
—¿Te pasarías tus últimas veinticuatro horas colocado?
—No es eso, pero sí que le daría algo de espacio a mi cerebro.
—¿No te suicidarías?
—¡No! Joder, ¿por qué iba a hacer eso?
—Hay personas a las que la idea de saber cuándo va a acabar algo les aterra y prefieren cortar de raíz.
—Es absurdo, ya que voy a morir y sé cuándo va a pasar, sólo me queda disfrutar del tiempo que tengo.
—Me sorprendes. No has necesitado ningún viaje espiritual para darte cuenta de eso. Recuerdo que tenía una novia que se iba a mudar bastante lejos de donde vivíamos y la dejé.
—¿La querías?
—Joder, claro que la quería, pero se iba a 10.000 putos kilómetros de donde yo vivía. No hubiera ido bien la cosa. El caso es que aún teníamos un año por delante para nosotros y decidí dejarla antes.
—¿No te la tiraste durante ese año?
—Ya te he dicho que me acojoné, ¿vale? Tenía miedo y no quería sufrir. Ahora me he dado cuenta, como tú con tu muerte, que aun sabiendo que ciertas cosas acaban… ¿Por qué no disfrutar de ellas mientras duren? Todo lo que le pongas en medio serán miedos y debilidades.
—¿Pero entonces no me voy a morir, no?
—Vamos a comernos una hamburguesa. Tengo hambre.

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Corven

Ando ultimando mi blog, cuando esté listo os aburriré con mis escritos.

charlesmarri

#7

Me flipa, tío.

Por tu texto sobre la muerte merece la pena vivir.

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charlesmarri

Con este texto gané mi primer concurso de literatura, hará ya muchos años:

RECUERDOS

Anochecía, y la luna no podía verse más hermosa desde la invernal Londres. Un perfecto círculo color plata inmóvil en el cielo.

Como cada noche, el muchacho entraba a la cocina y se preparaba una cena que él intuía sana: un poco de pechuga de pollo, una sopa, dependiendo del tiempo, o una ensalada. Encendió la televisión y cenó tranquilamente, acompañado de un buen vaso de vino. Cuando acabó recogió su plato y tras estirarse decidió que era el momento de darse una buena ducha.

Hoy era una de esas noches, momentos en los que se relajaba y eran su propia expresión más íntima. Cogió su reproductor de audio y pulsó play en las listas de música clásica. Encendió un par de velas y cortó la luz de su baño minimalista con toques de acero y mármol oscuro.

El agua caía con suavidad, chocando contra el suelo. El sonido era de lo más relajante. Empapó su mano de jabón, lo hizo espuma y se la puso en los oídos. Todo comenzó a perder fuerza a su alrededor: el agua, la Sonata “claro de luna” de Beethoven que inundaba tímidamente la habitación… Aquel habitáculo se mecía en una paz suave y triste. Miró tras la cortina a las velas y vió como el vapor empezaba a mecerlas. Sintió el cálido abrazo del agua recorrer su cuerpo.

Cerró los ojos.

Recordó cuando era pequeño, cuando aprendió a montar en bici, su primera tarta de cumpleaños, incluso su primer libro. Los recuerdos vagaban libres ahora en el vasto reino de sus pensamientos. Recordó cuando llegó al instituto y el pánico que le producían sus primeros exámenes, o la alegría de las fiestas con sus amigos. Su primer beso, húmedo, pegajoso. Su primera novia formal. Recordó la universidad, como se saltaba las clases para ir a jugar a casa de sus compañeros, o a tirarse al césped con sus amigas, los nervios de ver a esa chica extraña en clase y la punzada del amor que sentía por ella. Vislumbró al agobio de estudiar en enero. Muchos amigos nuevos habían surgido en esas aulas. Muchas chicas especiales pasaron por su vida. Echó atrás su memoria, durante la época universitaria, y vio a su segunda novia, la más seria hasta la fecha, pero aquello también acabó. Quizás fueron demasiado jóvenes para formar una pareja, quizás con los años cada uno buscaba algo diferente. Pero daba igual, pues fruto de aquello encontró a su tercera novia: la pequeña y diferente chica con gafas. Su amor más puro, más intenso, más real, más experimentado. Tangibles horas de felicidad que no podían almacenarse ni en miles de metros cuadrados. Se amaron. Muchísimo.

Ante tantos recuerdos cayó en la cuenta de que había hecho muchísimas cosas en su vida, muchísimas vivencias, pero no todo lo que le hubiera gustado hacer. Quería volver a visitar ciudades donde había vivido, quería ver las colonias de Hergest Ridge. Quería volver a sentirse vivo.

El agua comenzaba a escucharse más fuerte. El jabón se desprendía de sus orejas. Beethoven seguía tocando. Todo era perfecto ahora mismo: sus ojos cerrados recordando su vida, la calidez del baño, el vapor, las velas tintineando, la música. Todo…

Cuando decidió salir de sus pensamientos, algo ocurrió, algo que no entraba en sus planes. Algo que no tenía previsto: un fuerte dolor en la nuca.

Abrió rápidamente los ojos. ¿Dónde estaba? Aquello no era la ducha. Desde su posición podía ver la estantería del cuarto de baño. ¿Qué hacía en el suelo? Entonces miró a su alrededor: sangre. Se había evadido de su cuerpo durante unos instantes en la ducha y ahora yacía en el suelo. Intentó incorporarse pero el dolor era muy fuerte, no podía moverse. Sin resultado pidió ayuda pero de su boca sólo salía un grito ahogado que moría a los pocos centímetros.

Tumbado en el suelo comenzó a sentir frío. El agua y la música seguían tocando su melodía, ajenas a lo que acababa de suceder.

Todo era tan raro ahora.

Pensó en lo que sentirían al descubrirle así y entonces se dio cuenta de que no tenía a nadie. Su familia y amigos vivían en otra ciudad. En otro país. Su pareja no volvería hasta el fin de semana. “Para entonces ya…” Quiso decir las palabras, pero el miedo que le imponían le paralizó.

Sus ojos querían volverse a cerrar y su cerebro les dejó.

Volvió al mundo de sus pensamientos y recuerdos, pero esta vez dudaba regresar. Se acordó de ella, por última vez, y pensó en aquel popular refrán: verás tu vida pasar delante de tus ojos antes de morir.

Beethoven terminaba. El piano le relajó por completo. Quería dormir y con la última nota de la Sonata cayó en un profundo y placentero sueño. Un sueño único y propio, donde se forjarían recuerdos nuevos.

http://yonomatealconejo.blogspot.com/2011/11/recuerdos.html#more

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rockfuck666

EL DOLOR HUMANO

El otro día, hablando con mi vecino sobre el tema de que una compañera de instituto de su hermana se ha suicidado, me vinieron a la cabeza múltiples reflexiones.

Me impacta mucho la idea de que alguien con 15 años se suicide. Me planteo si realmente una persona de 15 años con una familia más o menos dentro de lo común, en un ambiente normal, tenga realmente motivos para suicidarse, y , en el caso de tenerlos, si son lo suficientemente fuertes para sesgar su vida en la adolescencia. Por otra parte, (y corriendo el riesgo de pecar por falta de empatía), pienso que una persona de esa edad no lo ha pensado bien, o, por otro lado, está demasiado "mimado" como para comprender que la vida no es un camino de rosas, y no aceptar las derrotas que la vida te hace pasar muchas veces.
Desde mi punto de vista personal, creo que lo que les lleva al suicidio es que quizá sean personas demasiado débiles, o no lo suficientemente fuertes para aceptar la vida en toda su plenitud.

A raíz de esto también me planteo cuánto dolor emocional puede llegar a soportar un ser humano. En el caso de estas personas que se suicidan, supongo que bastante poco. Pero, en general, el ser humano creo que está capacitado para soportar muchísimo dolor emocional. Y cuando digo muchísimo dolor emocional no me refiero a cosas de "mediana" importancia como el acoso escolar, un desengaño amoroso, o la traición de un amigo. Cuando digo que el ser humano está preparado para soportar grandes cantidades de dolor emocional, me refiero a cuando un padre soporta la muerte de un hijo, o cuando alguien se ve postrado en una silla de ruedas desde su nacimiento, y/o con enfermedades gravísimas que son incurables, por ejemplo. Creo que uno de los dolores más fuertes que un ser humano puede sufrir es la muerte de un hijo, y no por eso todos (ni tan siquiera muchos) de los padres cuyos hijos mueren recurren al suicidio.

No nos engañemos, nadie se muere por la muerte de un ser querido,ni nadie se muere porque sus compañeros le acosan, ni nadie se muere de amor. Creo que el ser humano de fortaleza "media" es capaz de soportar grandes fracasos y desengaños vitales, e incluso tomar nota de ellos para fortalecerse cada vez más. Porque muchas veces, cuando creemos que algo ha ocurrido para mal, al final resulta que era para mejor. Porque lo que no te mata, te hace más fuerte.

Por tanto, volviendo al tema del suicidio, temo que lo que esté ocurriendo sea un "acomodamiento" por parte de la juventud, que cada vez está más conformista, y menos preparada para soportar los "palos" que a veces te da la vida. También creo que esto puede estar, en cierto modo relacionado con el estilo de vida de la sociedad occidental, que ha llegado a acomodarse demasiado. Aunque quizá esto último a muchos les parezca una tontería, y de hecho, es posible que lo sea.

En conclusión, que pienso que el suicidio es una opción propia de cobardes, y que hay que afrontar las jugadas que te hace la vida. Muchas veces, no hay mal que por bien no venga. Cuanto más dolor se soporta, más fuerte se hace una persona.

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7 días después
charlesmarri

CUANDO SE ACABA LA LIMONADA

Claudia nació en el mar y, aunque no sabía muy bien el por qué, le encantaba estar allí. Vivía en un pequeño puesto de limonada, junto a unas vías de tren acuáticas por las que una gran locomotora de vapor trascurría de vez en cuando, un par de veces al mes.

La historia de Claudia es especial, como ella mismo supo nada más nacer. Un día, simplemente, abrió los ojos y fue. Tomó forma su mundo y ella supo que aquella sería su vida. Miró a su alrededor y vio que estaba en una pequeña casita de madera, que surgía del agua, con un rótulo pintado a mano que anunciaba en fuertes letras rojas la palabra limonada. Claudia, nacida con unos dieciocho años, tenía algo de la inteligencia propia de la edad y dedujo ella solita que su objetivo en la vida era vender limonada. Al principio el negocio no iba demasiado bien, la gente de la gran locomotora solía salir a fumar en pipa y se subían de nuevo al tren, sin consumir una gota de aquella refrescante limonada. La chica no entendía como, con aquel calor, todos esos señores de bigotes pronunciados no tenían sed y preferían ahogar sus pulmones en espirales de humo.

Los días avanzaron y Claudia se aburría. Exprimía limones, les echaba azúcar y los mezclaba con agua. Exprimir, echar y mezclar. Otra vez: exprimir, echar y mezclar. De nuevo: exprimir, echar y mezclar. Y así decenas de veces para sustituir a los litros de limonada que se echaban a perder, por culpa de aquellos señores con bigotes. Pero algo cambió una mañana, cuando Claudia, que tenía doloridas las manos, se apoyó en el marco de su ventana y miró a un banco de peces azules que seguían a otro pez de color rosa. El pez color rosa se contoneaba con egoísmo consciente, este pez sabía que su precioso tono atraía a los demás y aquello, o al menos así lo intuía Claudia, le gustaba. Entonces la joven calló en la cuenta de algo: ella tenía que ser como ese pez rosa.

A la mañana siguiente se levantó pronto. Desayunó y se duchó. Se miró en el espejo del servicio, desnuda, y posó su atención en sus pechos y en su sexo. Los primeros eran redondos y destacables, de un precioso color rosado que se oscurecía en los pezones; su sexo era delicado, limpio y rasurado. Sintió dentro de sí un cosquilleo. Sabía que hoy vendería mucha limonada.

La chica abrió el armario de su cuarto y sacó su ropa para aquel día. Antes solía coger lo primero que pillaba y con lo que más cómoda se sintiera, pero hoy tenía en mente algo especial: una falda rosa cortita y unos tirantes blancos, de esos apretados. Claudia se lo colocó todo y se volvió a mirar en el espejo. La joven estaba despampanante, rebosante, hasta se sintió con más seguridad en sí misma. La falda apenas le tapaba los labios de su sexo y el top era tan apretado que cuando respiraba sus tetas parecían querer explotar.

Salió afuera y colocó la mesa, la limonada, y se puso al lado, de pie. Ya llegaba la gran locomotora, puntual como siempre. Paró despacio y pronto comenzaron a bajar los señores de bigotes. Todos fumaban y fumaban. Entonces uno se fijó en Claudia. Primero miró sus piernas desnudas, a la chica le gustaba andar descalza, y subió hasta su corta falda, llegando finalmente a su camiseta de tirantes.

Aquel día la limonada se acabó en pocos minutos.

Ya de noche, Claudia se puso a reflexionar sobre aquello. Recordó a los hombres de bigotes y sus miradas. Sintió como el dinero que pagaban no era por su limonada, sino por su falda y sus tetas. Volvió, entonces, a sentir aquel cosquilleo, sólo que esta vez fue más intenso. Éste apareció en medio de sus muslos, cerca de su sexo. La chica no sabía qué estaba pasando, pero empezó a respirar muy fuerte. El corazón bombeaba sangre con rapidez. Su respiración se entrecortaba. Sintió calor y se quitó la ropa. Se miro a sí misma y recordó a los señores de bigotes. No supo realmente qué le llevo a hacer aquello, pero cerró los ojos y se introdujo el dedo índice entre sus labios. Bajó el mismo dedo a sus otros labios y lo metió con fuerza. Emitió un leve grito. Abrió los ojos, se miró a la mano entre sus piernas. Veía borroso y la oscuridad de la noche la acompañaba. La luna se colaba por las rendijas de la persiana bajada. Claudia sentía que hacía algo prohibido y eso la excitaba aún más. Todos aquellos señores con bigotes. Se metió ahora otro dedo. Ya tenía dos. Uno más, pensó. Otro, Claudia, se dijo a sí misma. Se frotaba con rapidez. No tardó mucho tiempo en manchar la cama.

A la mañana siguiente Claudia se sentía sucia y pasó mucho rato debajo de la ducha. El vapor de agua acondicionaba la estancia y provocó en la chica que sus pulmones respiraran con dificultad. Aquello la excitó. Se apoyó contra la pared, justo debajo del mango por donde caía el agua, que colgaba arriaba, y se volvió a masturbar. Su culo rozaba contra el mármol frío del baño. Esta vez no supo cuando se corrió, pues el agua bailaba por todos sitios.

Dame dos vasos. A mí tres. Otro por aquí. Todos los señores con bigotes estaban acabando con las existencias, y eso que, siendo previsora Claudia, había exprimido más limones que nunca. La joven no paraba de vender. Una limonada, una mirada a sus tetas. Otra limonada, una mirada a su sexo. Dos limonadas, un señor de bigotes recortados las agarró con fuerza, tanta como lo que parecía querer salirse de su pantalón. ¿Qué sería eso, pensó Claudia? El tren avisó de que se marchaba, pero la chica sentía curiosidad.

Disculpe, dijo, ¿qué es aquello que tiene ahí? El señor de grandes bigotes recortados la miró. Puedo enseñártelo, propuso. ¿Y su tren? Descuida, puedo irme andando. ¿Por el mar? Claro. Y Claudia lo pasó a su habitación. El señor de bigotes se quitó los pantalones y le enseñó a la chica algo que nunca había visto. Aquello tenía la misma forma que uno de sus morteros en la cocina, pero éste era de carne y tenía venas. Puedes tocarlo, propuso el señor de bigotes recortados. Claudia se acercó y agarró aquella forma alargada y gruesa. Incluso puedes metértelo en la boca, sugirió el hombre. ¿Se puede comer?, preguntó la chica. Sí, contestó el señor de los bigotes, quien empezaba ahora a respirar con ahínco. Al principio a Claudia le sorprendió aquel sabor, parecía estar comiéndose un dedo pero con un aroma mucho más intenso. Miró hacia arriba y vio como el dueño de aquella cosa no paraba de gemir. Chúpamela más deprisa, chica. Claudia obedeció pues ella volvió a sentirse sucia y las cosquillas aparecieron entre sus piernas. Ésta se subió la falda y se metió un par de dedos mientras lamía aquella forma. Al poco, cuando ella empapó el suelo, su cara se llenó de un líquido blanco.

Miraba por la ventana a la luna. La noche era alta y Claudia se sentía de nuevo sucia. Contó el fajó de billetes que el señor de bigotes recortados le había dado y se tumbó en la cama, con la manos entre sus muslos.

Los días pasaron y Claudia comprobó que el boca a boca se había extendido. Muchos señores con bigotes hacían cola en la puerta de la vendedora de limonada. La chica ganaba mucho dinero con aquel negocio y pronto comprendió que era más rentable que vender agua con sabor a limón y a azúcar.


Una tarde, cuando acabó de chupar pollas, pues ya sabía lo que eran, y de metérselas por su sexo, Claudia miró todo el dinero que había ganado en aquel mes. Calló, justo en ese momento, en la cuenta de que no sabía qué hacer con él. Pero bueno, eso ya lo vería.


Claudia había crecido con el paso del tiempo y decidió cerrar su negocio de limonada. Ahora, cada día, llegaban grandes locomotoras con señores de bigotes dispuestos a hacer madurar un poquito más a Claudia, quien, cuando se sentía sucia, se masturbaba para recordarse durante una fracción de tiempo lo que había sido… y lo que era ahora.

http://yonomatealconejo.blogspot.com/2012/01/cuando-se-acaba-la-limonada.html

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B

Es como un bucle. Pero sabes que ese bucle (en un momento, en el más insospechado... no sabes cuándo llegará) ha de terminar. Cuando menos te lo esperas. Se siente uno un bobalicón siguiendo el curso de las palabras, inconexas, varando en hilos indómitos por el subconsciente. Crees haber encontrado ya el quid. Esto no se trata más que de una broma. No... no puede ser cierto. ¡Al fin y al cabo se trata de algo serio!

¿O no lo es? Extrañas elucubraciones parasitan la consciencia. Piojos impíos perforando la carne. Chupópteros descontrolados que borran mis sentidos. Negro. Y blanco, todo blanco.

Esto me recuerda a aquel día en el que me senté a leer las palabras de un extraño. Su manipulación alteraba la coherencia de mi mundo y las imágenes que con gallardía se arrostraban regían ante mi atónito ser mi propia consciencia. Sí, es lo mismo. Uno no sabe ya dónde se encuentra, qué es, cómo ha llegado.

Pero sé que sonaba así TA TA TA TA RA TA RAAAA. Era eso o la Suite Bergamasque, ya no lo tengo muy claro.

¿Me tomáis por un loco? ¿Por otro andrajoso, harapiento y holgazán palurdo que vaga por el mundo buscando comprensión, compasión o generosidad? No quiero tus sucias y apestosas monedas obtenidas de algo que has robado. Sí, lo que oyes. El dinero de tus padres. ¿Y tú qué haces para sacar tu gordo culo adelante? ... A parte de perder el tiempo aquí delante.

Y...

..sólo me he dedicado a reproducir las voces que escucho en mi cabeza :( Otro día escribo algo.

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LiKaN

Me despierto con la cara pegada al suelo, literalmente, el sudor actúa de una manera bastante más rápida que la cola. Debo de haberme desmayado por estar tanto tiempo en el huerto. El sol es un verdadero fastidio para los que tenemos este oficio. Me siento en una silla mientras me aclaro la garganta con un poco de agua y limpio el sudor con la camisa.

¡Joder qué calor! Exclama mi cuerpo ante la fiereza de los últimos días de mayo. Aún con todo, me mantengo sentado en la pérgola mirando el indefinido paisaje. Indefinido de lo aburrido que es, todo el cielo azul, ni gota de aire y 35º cayendo a plomo sobre el suelo. Quizá debería estar haciendo otra cosa, algo más productivo, pero tengo una manzana.

Una manzana roja, reluciente, fresca y recién cogida del árbol. Me faltarían adjetivos para decir lo sabrosa que está y seguramente provocaría un enfrentamiento con los más fanáticos seguidores de Hemingway. No es tiempo para la verbórrea, ni para deleitarse enunciando adjetivos.

Con el primer bocado lleno mi boca de jugosa dulzura. El segundo acompaña al primero añadiendo un amargo toque a la piel del fruto. En cambio, algo cambia en el tercer bocado, lo dulce se convierte en asqueroso en el instante en el que me percato del pequeño inquilino. Aquel morador de la pulpa de mi manzana se percata de que le estoy mirando.

– Yo la vi primero – se excusa.

Sin salir de mi asombro masco pausadamente lo que queda de manzana. Me limpio la comisura de los labios con algo de papel y miro a aquel curioso fenómeno de la naturaleza. No sobresale más de un centímetro de la manzana, pero aún así tiene el valor de enfrentarme. Por suerte, creo no haberlo mutilado.

– ¿Qué haces en mi manzana? – pregunto estúpidamente buscando una respuesta convincente.

– ¿Tu manzana? – exclama bastante ofendido – En un primer instante la manzana sería del manzano, de donde tú cobardemente la has arrancado.

– Es que ese es mi manzano – contesto molesto ante la desafiante actitud del insecto – Es más, diría que prácticamente este es mi huerto.

– Mio, mio, mio y mio, vosotros siempre estáis con lo mismo – clama acaloradamente – Pues entonces quiero que sepas que TU huerto está en MI tierra. Es más, nosotros aprovechamos más la fruta que vosotros, además, siempre acabamos compartiendo con otros organismos.

– ¡Joder! – exclamo – Debe de haberme tocado el único maldito gusano sindicalista de todo el territorio.

– De raíces marxistas – vuelve a pregonar.

– Lo que sea.

– ¿Lo qué sea? – comienza de nuevo – Eso es lo que siempre esgrimís los conformistas como tú, ésta es mi manzana y de aquí no me vas a mover.

En ese momento comprendo que es preferible un pasajero mal sabor de boca que un pasajero revolucionario dando lecciones de moralidad. El sabor tampoco es tan malo, mucho mejor que aguantar al hermano Lenin dando charlas sobre propiedad. Mientras termino la manzana oigo las llaves de la casa, el último trozo se me atraganta y caigo al suelo. Entre golpes y toses consigo hacer bajar el pedazo maldito del fruto, pero ya es demasiado tarde.

– ¡¿Quién eres tú y qué cojones haces con mis manzanas?!

PD

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rackinck

Voy a dejar por aquí dos pequeños fragmentos de un relato que estoy haciendo ahora mismo. La estructura (y forma) es bastante parecida a La Colmena de Cela (cuando termino un libro se me pega durante un día o dos la forma de escribir xDD).

FRAGMENTO 1:
Cuando se encuentra a medio camino del lugar suele acordarse de que no le ha dado el beso de despedida al retrato de su mujer, y se pone triste. Y más triste se pone aún cuando se encuentra con Pablito, un pobre chiquillo que había huído del orfanato porque le daban palizas demasiado a menudo y que ahora pasaba más horas de rodillas pidiendo que de pie. A don Leoncio Pablito le trae recuerdos de la guerra, mucho tiempo atrás, cuando había cometido demasiados horrores en nombre de unas ideas que nunca merecieron la pena, y unas lágrimas parecen aflorar en los pequeños ojos grises que lo observan desde su rostro enjuto y arrugado. Es entonces cuando mete con cuidado la mano en el bolsillo y deja caer como si no se hubiera dado cuenta dos duros al lado del pequeño, y sigue andando, mirando por el rabillo del ojo por si alguien más que el niño se ha dado cuenta. Pablito ve cómo se le cae el duro todos los días, y todos los días Pablito le avisa con un timbre de miedo en la voz, como si los golpes que tantas veces le habían propinado aún pesasen sobre sus labios y su corazón. A partir de entonces don Leoncio camina el resto del trayecto con la cabeza gacha, para que nadie vea cómo las lágrimas se van hundiendo en su canosa barba de viejo, mientras su mente no deja de pensar en todos los gatillos que hubo de apretar por miedo. Al anciano le da mucha pena la desgracia, sea ajena o propia, y su vida siempre ha estado llena de ella.

FRAGMENTO 2:
En realidad don Leoncio no tiene nada que hacer el resto del día. Antes le ponía agua y comida al canario que tenía en casa, pero se le murió hace ya más de un año. Disfrutaba viendo cómo saltaba de palo en palo después de comer, cuando los primeros rayos de la tarde se filtraban a través de las espesas y empolvadas cortinas. De vez en cuando lo soltaba por el salón y el canario hacía un par de piruetas en el aire para después posarse en su hombro. Daba entonces un par de saltitos y le rozaba delicadamente la nuca con su dorada y vivaracha cabecita, haciéndole reír un poco, como con reticencia. En el fondo, y aunque le cueste reconocerlo -él siempre le decía a su mujer que los animales son animales y los hombres, hombres, y que no tenía sentido biológico tenerle cariño a un ser que no es de la misma especie-, don Leoncio lo echa de menos.

Snorky

...Y sí, después de tanto tiempo esos dos granujas encontraron aquello que llevaban toda la vida buscando: Una espiral de desenfreno que tenía un buen contenido de alcohol, drogas y mujeres por las que cualquier hombre mataría.

¿Cómo dice? ¿Que consiguieron todas aquellas cosas trabajando durante esos años? ¡Nada más lejos de la realidad...!

Se pasaron toda la vida sin dar un palo al agua, engañando y extorsionando por doquier a todo el que se cruzaba a su paso ¿Sus familiares? Endeudados hasta las cejas ¿Sus amigos? Todos muertos. Afortunados eran aquellos con los que tenían un mínimo trato y no acababan con un barril en lugar de ropa o flotando al amanecer en el puerto.

Y ellos mientras montados en el dólar. Los podía ver por la calle con sombreros de vaquero, unos trajes con un valor superior al de su coche y el mío juntos y dándole vueltas a sus colt del 45. Con aquellas sonrisas de autosuficiencia, como si el mundo fuese suyo.

Lo peor de todo es que era cierto, el mundo era suyo. Nada ni nadie podía detenerlos.

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rockfuck666

INCERTIDUMBRE

Por siglos de mis manos te he esperado
he esperado tu esquina cada instante,
espiando tus miradas, sol gigante
y sólo he recibido sol callado.

Ahora que tu cruz ya he llevado
ahora me contemplo agonizante
temiendo al tiempo, tiempo siempre aparte,
y haciendo un lecho nuevo en el pasado.
Ten en cuenta que en mi vida me has robado
algo más, la tierra prometida,
inflando tu recuerdo hasta matarme.

Sólo temo mentirte demasiado
por la condena libre de mi vida,
por no jugar con hielo y no quemarme.

Con esta media tarde azul sobre mis hombros
entre las araucarias, vuela la vista a casa
y en sombras de palmeras voy descargando escombros
de recuerdos, al paso de la luz que pasa.

Camino más ligero, sin lastre , hacia occidente
un cálido febrero se funde con la luz,
el sol que me acaricia se oculta de repente,
y un joven me para con los brazos en cruz.
Ahora el sol de esta tarde fluye por su espalda,
y deslumbrante sobre el cuello, baja por la camisa.

Ahora el atardecer me mira en la baranda
de su gorro redondo. Las ramas ya, la brisa,
la luz y su figura son una forma blanda
en la que la hermosura me esboza una sonrisa.

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Acrimiens

Inspirado por el anhelo de mi amada, no solo un amor imposible, sino tambien incomprensible.
.
Y acabe delirante,

mirando lo oscuro de la luna negra.

Sintiendo en mi mismo,

las nevadas burbujas que iluminan.

.

Al menos para mi, no es tiempo de temores,

estamos en el frío viento del invierno

padeciendo por calores…

.

Más ilustre que sus formas vacías

son sus nobles ojos.

Su no dudar mirada,

ante la ventana vacía.

.

Todo puede ser y sera un secreto,

de mentes intranquilas…

Todo puede ser y sera un credo

de mentes atrevidas…

.

Ahora…

Conservemos cobijo y comida,

ya queda poco,

el invierno ya termina…

fuente: www.acrimiens.tumblr.com/post/15507348278/luna-negra

La Primavera se Acerca

Ni si quiera el invisible diamante pasa aquí desapercibido,

en el bosque de lo desconocido,

mas mil curtidos ojos necesito para lo que tú has requerido.

.

No es tiempo de maldades,

ni malas compañías.

solo ardientes vinos,

en copas cristalinas.

.

Donde hay silencio hay vida,

aunque no lo veo también la hay,

la siento muy adentro,

tan adentro que no la siento.

.

Una pausa, para acampar…

observar mi espada…

y descansar…

La primavera se acerca.

fuente: www.acrimiens.tumblr.com/post/15445309406/la-primavera-se-acerca

charlesmarri

PENSAMIENTOS EN ÉPOCA DE EXÁMENES

Los dos fuimos unos cobardes. Hicimos nuestras maletas cuando vimos que las cosas se empezaban a poner feas y nos fuimos. Lejos. Tremendamente lejos. Allí donde nadie ni nada pudiera enturbiarnos, donde los compromisos con el entorno no se manifestaran a cada segundo. Tuvimos miedo, no puedo negarlo; quiero decir, ¿quién abandona a su familia, a sus amigos, sus estudios y todo eso? ¿Realmente alguien hace algo así? Uno se siente tan unido, tan atado que cuando surge la idea la primera reacción es quedarse paralizado y advertirse sobre lo que se está pensando, relajarse y decirse que no, que no se puede hacer. Pero nuestro miedo era tan grande, estábamos tan aterrados… 

Ahora vivimos de alquiler en un piso donde apenas cabemos, llegamos casi ahogados a final de mes y nuestros trabajos temporales son eso: temporales. Yo trabajo por la mañana en un periódico, tengo mi propia columna de opinión que apenas lee nadie. Mi chica lleva los papeles de una abogada de aquí para allá. Dejamos la comodidad de nuestras cálidas casas atrás, la comida recién hecha y un futuro próspero en la Universidad. 

Nuestra pequeña recompensa llega por la noche, cuando a partir de las nueve los dos estamos en casa, juntos. Yo, que por la tarde me dedico a escribir pensando en que algún día seré un hombre de renombre, acabo haciendo siempre la cena: un poco de pan caliente, queso para untar, jamón serrano del Mercadona y algo de mermelada de tomate. Ella está radiante cuando ve la luz tenue, la modesta mesa preparada y mi abrazo nada más verla. A veces incluso llora. Se quita los tacones, se asea y se sienta conmigo, en nuestro sofá, en frente de la tele. Cenamos y nos quedamos mirando. Y hacemos el amor. 

Ya lo he dicho, los dos fuimos unos cobardes pero nunca hemos sido tan felices como en aquel piso, en su habitación y con nuestros lujos de clase media. Quizás dentro de un tiempo oigáis de mí y de mi libro y puede que volvamos a aquella vida que quisimos dejar atrás. Pero por ahora lo único que quiero es esto, y lo que quise siempre. Siempre quise escapar. Y durante un tiempo lo conseguí. Lo conseguimos.

http://yonomatealconejo.blogspot.com/

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charlesmarri

LA MUY PUTA

—Maldita hija de la grandísima puta.

La pistola, modelo desconocido, al menos para él, calibre tres cuartos de lo mismo, le apuntaba directamente a la boca. Y no era ningún símil o metáfora, no era una polla, que tampoco sería raro. No. Era una perfecta pistola metalizada, pesada y cargada. Lista para usarse. Bang, bang. Y a la puta calle. Derechita al infierno del que nunca tenía que haber salido. Desnuda, como le gustaba, bailando entre brasas, con los pies ardiendo y con una orquesta de esqueletos como fondo, interpretando la Danza de la muerte.

—Maldita hija de puta —repitió sollozando.

La chica poco podía hacer para defenderse, salvo intentar lo que parecía un amago inútil y desesperado por soltar las cadenas que la ataban a la cama. Sus pechos se movían nerviosos, como todo su cuerpo, sin ropa. Su respiración era pronunciada, ahogada, casi mortal, rozando el infarto. Tenía unas tetas cojonudas, pensó el hombre, que se centró en su torso ahora. Pero él no había sido el único que las había probado. La muy puta. Antes que su ejecutor, muchos otros habían accedido a las zonas de arriba y a las de abajo, a comerle el sexo y a chuparle los pezones. Y eso podía con él. Le ponía enfermo. Tan enfermo que la odiaba, la detestaba, la repugnaba. Tenía ganas de cargársela y marcharse. Se acabó. Fin. Aunque no podía. Una fina línea moral se lo impedía: su propia línea moral, creada a base de años de machaque cristiano en la escuela, supuso. De hecho, y siendo algo bastante probable, estaban así por culpa de toda la basura cristiana. Quizás fuera amor. Qué más daba, ya nada importaba. Iba a morir. Debía de morir.

—¿Te es familiar tener la boca abierta, con algo duro dentro, verdad?

La joven lloraba.

—Se acabó tu tiempo.

¡Bang!

El escritor miró al par de párrafos que había escrito y a sus diálogos. Pensó que esto no incumpliría ninguna ley. Él no había matado a nadie, no al menos fuera de un par de construcciones literarias. Releyó los párrafos y se vio reflejado en aquella mierda. Qué asco, pensó.

Y así era su vida. Mataba sus frustraciones a base de teclear gilipolleces en su documento de texto. Y luego, cuando se aburría, o cuando no sabía qué más escribir, o incluso cuando el sueño le apretaba sus ojos, terminaba con un abrupto final y se iba a dormir.

http://yonomatealconejo.blogspot.com/

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charlesmarri

He creado una especia de historia en Twitter. No he visto nada así y me he decidido a ello. Quien quiera seguirla:

https://twitter.com/ChristofTruman

GreyShock

¡Saludos! Me estreno en mediavida con este post. Hacia tiempo que consumía información de estos foros, peor nunca había participado como usuario. El caso es que estaba buscando alguna comunidad de escritores para compartir relatos y experiencias sobre el arte de crear historias y me dio por buscar aquí y... fíjate tú, ¡Recién salida del horno!

Me he dedicado mi tiempo a leer cada uno de vuestros relatos publicados y he de decir que me declaro fan de LiKaN y charlesmarri, me gusta mucho vuestro estilo! Buscando comunidades de escritores amateur (como yo lo soy) me había topado con muchos foros en los que abundaba la falta de originalidad, la mala ortografía y un entorno poco estimulante en definitiva... y aquí me encuentro con tanta calidad concentrada en tan pocas personas, que no he podido evitar registrarme y unirme a vuestre corriente creativa :)

Para no ser menos, yo también me estrenaré con un relato:

En lo que dura un cigarro

Cojo un papel, compruebo por donde está el extremo que pega y coloco un filtro fino al final. Abro la bolsita de Pall Mall Roll New Orleans y desmenuzo un trozo del tabaco picado para colocarlo metódicamente, bien extendido, en el centro curvado del papel. Mi ceremonia del té, mi rito contemplativo contraproducente, pero tan inspirador. Mi musa en forma de un pequeño pedacito de muerte. Los restos de la comida reposan sobre la mesa, y el café baña a intervalos el paladar que va secando el humo.

En lo que dura un cigarro, el mundo dejará de ser mundo. Por la ventana contemplo el cielo en llamas, las nubes ya no lo son, tan sólo humo. Pedazos de mundo caen ardiendo a través del horizonte, sólo es cuestión de tiempo que uno de los trozos del cometa que llevaba millones de años camino a la Tierra destruya mi casa.

Contemplo en silencio como la gente corre, llora y se abraza en las calles del último día de esta pequeña mota de polvo del universo. Ya no importan las hipotecas, los estudios, no existe la responsabilidad, los impuestos, el seguro del coche, el periódico, las ofertas del supermercado, internet, el Facebook, Dios o Youtube. No hay marcas, el dinero es sólo papel y metal. En lo que dura un cigarro todo deja de importar, ya no existe el odio, sólo quedan las cosas a las que amas, que inundan tu mente en los últimos cinco minutos que le quedan a esta ilusión de existencia.

El espejo se rompe y los cristales del mundo se esparcen en el vacío, a millones de años luz de un lugar en el que nadie sabe que existimos.

Apago la colilla contra la mesa, y todo se vuelve cenizas.

Exhalo el humo del último cigarro y el mundo se evapora.


Me estreno con uno cortito para que no os de pereza leer :P Me gusta variar mucho de estilo y tónicas así que puede que publique cosas muy dispares y algunas algo experimentales :3

No pongo enlace a mi blog para no estrenarme en estos foros con spam.. ^u

Espero seguir leyéndoos!

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Nott

OCHO MINUTOS Y MEDIO DE INVASIÓN MENTAL

Cuando escucho Explosions in the Sky, me veo a mí misma tirada en la cama, con la cabeza y los brazos fuera de ella, boca arriba, sostenida por el propio peso de mi cuerpo, mientras fumo y observo el techo. Escucho la música que hace vibrar mi corazón de emotividad.
Y mientras, sigo mirando el techo, viendo miles de formas en un espacio en blanco, como el pintor que observa su lienzo antes de comenzar a crear, pienso en imaginarme el vacío, la nada, o en el falso significado de la palabra silencio. Una palabra mentira. ¿Escuchas el silencio? ¿o no?
Ahora cierro los ojos e imagino cientos de cosas más, dibujos, fotografías que nunca he realizado, temas de los que nunca he debatido, canciones que nunca he bailado y que mataría por hacerlo contigo, impresiones que nunca he escrito y sentimientos que nunca he sentido, pero que ahí están, esperándome actuar. Sentir... que me acaricias la espalda con un solo dedo, y que mi vello se pone en guardia y dejas tu rastro en mi piel, tu olor que no existe... Sentir la soledad en un pueblo de 30.000 habitantes, notando cómo las gotas resbalan por mi cara, contemplando cómo la gente huye despavorida de la lluvia. Estoy mojada, la ropa se pega en mi cuerpo y peso más, y corro, y siento el aire golpear mi cara y no veo nada porque líquidas agujas penetran en mis ojos.
Estoy ciega pero no quiero abrir los ojos. Todo, absolutamente todo adquiere su real color cuando la luz desaparece. La realidad está en la noche.

Abro los ojos y el cigarrillo se ha consumido entre mis dedos, pero no me quema porque no estoy. O no existo.

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charlesmarri

TEORÍA DE LA LITERATURA (I)

Busco una imagen desgarradora. Una melodía que destroce mi alma. Un cuadro que me dé arcadas. Quiero sufrir, quiero entregarme a los brazos de la oscuridad y no separarme de ella. Sumergirme en lo más profundo de su alma corrupta, de su inestabilidad emocional, bailar con la muerte, la enfermedad, el odio, el asco. Desconfiar de todo y de todos. No poder mirarme al espejo. No aguantarme. Explotar en cánticos de sangre que tiñan de rojo las oscuras paredes de mi habitación. La cárcel de mi alma putrefacta plagada de gusanos que limpien mi ser. El gozo del cuervo hambriento que encuentra un cadáver que roer. La peste más absoluta devastando mi cerebro y mi consciencia. El silencio de la noche que irradia con tenebrosos presagios la soledad de sus calles. La violencia. El crimen. El deseo ahogado de gritar a los cuatro vientos y llorar. Llorar como nunca había llorado y sentir como mis manos se desmoronan en finos granos de arena que encierran secretos, que esconden mis debilidades. Promesas incumplidas como gotas de lágrimas, resbalándose por mi cara como resbalaron por la vida. La crudeza del inverno secándolas y matándolas. El frío que hiera mis huesos y mis músculos y los torne en carne sin voluntad, entregada al olvido. Entregada al daño. Entregada a tus labios.

Dejadme dormir. Es lo único que me mantiene vivo.


Esto viene a cuento de que un profesor de la Universidad, de los pocos buenos profesores que he tenido, nos hablaba de autores que cuando estaban deprimidos cogían auténticas borracheras de tristeza y se ponían a escribir.

Deprimido o no, un día estaba triste de cojones y recordé lo que mi profesor de Teoría de la Literatura me dijo... Y me puse a escribir, soltando frustraciones y dolor en frases. Y me salió esto.

Y me fui a dormir, que irónicamente era el único momento del día donde más vivo me encontraba.

GreyShock

Ya se suele decir bien que "El dolor inspira". Queda patente en los últimos relatos.

Vaya tres últimos posts tan apocalípticos, habrá que arrojar algo de humor al post :P Así que ahí va mi dosis de sonrisas.

La carta de Gotopotoqui

Se han hecho muchos sacrificios en el nombre de la ciencia a lo largo de la historia. Muchas de las salvajadas y torturas de siglos anteriores nos han acercado a pasos agigantados a la medicina moderna. Se ha generado mucha destrucción y se ha acumulado mucho conocimiento. ¿Cómo se conoce el efecto de una bomba atómica sin haberla probado? ¿Cómo es posible que esté documentado que el cianuro es dulce?

Seguramente me crucificaréis por los detalles del experimento que aquí relato. A estas alturas ya no sé si he perdido el norte, o si realmente esperaba algo diferente, pero tengo claro que cuando termine mi cadena perpetua y mucho más allá de mi muerte, este documento formará parte de los libros y el caso de Gotopotoqui será estudiado por los académicos de diversos ámbitos.

Gotopotoqui es un niño al que yo mismo di nombre. Un niño que encontré en un contenedor, abandonado por su familia y que me inspiró a llevar a cabo este experimento. En secreto lo adopté y lo recluí en el sótano de mis instalaciones de Zaragoza.

Desde su nacimiento Gotopotoqui no ha tenido contacto con ningún ser humano a parte de mí. Ahorraré las primeras etapas de cuidados y crecimiento. Cuando el niño tuvo suficiente consciencia inicié el programa que había diseñado para él. Una educación radicalmente diferente, tan diferente que ni siquiera se puede considerar opuesta a la de ninguna cultura del mundo.

Durante el primer año estuve preparando un cuidado sistema educacional de lengua, matemáticas y ciencia para él. Nada de cultura, geografía, historia y demás temas relacionados con el mundo exterior.

Y así empezó a crearse Gotopotoqui, el que bautizo como el primer alienígena social de la historia.

La lengua fue la parte más importante. Salvo artículos, adverbios, sintaxis, gramática y otros elementos básicos de la lengua castellana, Gotopotoqui nombraba la realidad con términos totalmente ajenos a su raíz. Los colores del arco iris eran “Manzana”, “Biberón”, “Langosta”, “Tractor”, “Garrafón”, “Jinete” y “Epidermis”. Las personas eran “Breves” y los animales “Novelistas”. Los verbos fueron completamente intercambiados, el ser por el buscar, el romper por el apuntalar, el comer por el ignorar. Un bocadillo era un “Violín”. Así que Gotopotoqui no comía bocadillos, ignoraba violines.

Las matemáticas eran exactas, como siempre, pero desordené los símbolos del cero al nueve. Así que 5 por 0 era 8. Sumar era dividir, multiplicar era restar…

La ciencia quedó tal cual, pero con el nuevo vocabulario de Gotopotoqui era tan ininteligible como el resto de sus conocimientos. A los 6 años ya hablaba y escribía fluidamente, cuando yo aún chapurreaba como un extranjero el diccionario que me había inventado para mi proyecto.

Entre los 7 y 8 años empezó la etapa de las preguntas. Yo considero que tarde, pero hay que examinar el caso desde la perspectiva del mito de la caverna: para Gotopotoqui el sótano era su realidad. Preguntaba qué había fuera, por qué yo entraba y salía y él permanecía siempre ahí. Creo que era por curiosidad más que por aburrimiento, ya que al haber montado su realidad allí tenía sus propios juegos imaginarios con juguetes que él mismo había improvisado con dibujos recortados. En ocasiones era escalofriante observar por las cámaras de seguridad como Gotopotoqui jugaba con dos trozos de papel gritando felizmente “¡Holgazán orientas montes de la junta amable entre ganglios como cohetes del tiramisú!”

Conseguí apaciguar su interés por el mundo exterior hasta que cumplió 15 años. Fue entonces cuando decidí que Gotopotoqui estaba completo y era hora de comprobar su impacto con el mundo exterior. Envié el informe detallado de mi experimento a eminentes publicaciones científicas y lo acogieron con enorme interés y con una llamada a las autoridades.

Ahora estoy cumpliendo una condena más larga que mi vida y un castigo peor que ese: El juez ordenó total exclusión del caso Gotopotoqui, así que no sé como continua la historia de mi único hijo. Lo último que supe de él fue la carta que me envió hace dos semanas, tras cumplir cinco años de condena, que dice así:

“Mermelada Sebastián,

Ondeo seis bicicletas jamón. En el ajo nací unas tremendas perezas. Perdono que busques peladillas. Cuando el gorila ignora todos los turbulentos, siempre lo vacío con vacaciones que levantan fotosíntesis. No me introduzcas con huracanes porque al entrometido a veces trituran inundaciones de cinco a doce. Patrocinan el día y remueven hachas de canciones permanentes. Sólo termino de cerezas y luego ahuyento cuando los fresnos liquidan el sueño.

Proliferando,

Gotopotoqui.

P.D.: Que te jodan-”

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GreyShock

Bueno, viendo que el hilo lleva dos días parado voy a colgar otro relatillo a ver si se anima más gente! :D

Dios salve todas las cosas impuras

He descubierto un secreto que el mundo aún no conoce. Sin embargo estoy seguro de que muchos individuos, al igual que yo, se han topado con este irónico muro. Hay un error en la cultura, y es asociar la perfección con el éxito. La perfección está sobre valorada. Pondría la mano en el fuego a que incontables triunfos han tenido que dar un paso atrás en su búsqueda para encontrar su resultado ideal. Un paso atrás que no implicaba rectificación, una simple y sencilla de-valuación que les terminó acercando al éxito.

Soy un artesano, un hombre que le da forma a la música y la cede a hábiles artistas que inundan vuestra percepción de cálidas melodías, o terribles jaquecas. No siempre se acierta. Mi desengaño vino de la mano de Victoria, el nombre de la guitarra que más tiempo me ha robado y menos me ha devuelto. Prácticamente desde que el viejo Richardson -Un antiguo luthier secuestrado por su amor al Rock&Roll- me instruyera en el noble arte de dar a luz a guitarras he estado persiguiendo el sonido perfecto, ideal, libre de toda impureza. De eso hace ya veintiséis cortos años e innumerables Victorias sacrificadas en pos de la perfección.

Pero al fin lo he conseguido.

Un éxito imposible de plasmar con una mera combinación de letras. Un sonido tan puro que esquiva toda metáfora y se alza de forma primigenia a través del único modo de comprenderlo: el alma. Finalmente, he dado a luz a Victoria. Mi Victoria. Y a nadie le gusta.

Cuando se idearon los primeros productos lavavajillas, destinados a triunfar como única sustancia empleada en la limpieza de vasos, platos y cubiertos; fueron un rotundo fracaso. Los primeros lavavajillas no producían espuma y la gente, dándole la impresión de que no funcionaba como era debido, lo desechó. Fue a posteriori que se añadió la espuma de forma artificial a la fórmula -las burbujas que garantizaban que tu limpieza estaba surtiendo efecto- y finalmente pudo comercializarse.

Cuando pasaron los buenos viejos tiempos y empezó a ponerse de moda la salud, el rock iba cavando su tumba y los paquetes de cigarrillos intentaban disimular sus nuevas y llamativas advertencias de muerte con nuevos eslóganes; se lanzaron los depuradores de agua unifamiliares para el hogar. Aparatos que te garantizaban un agua tan pura como químicamente pudiera ser, simple, llano y directo H2O para tu cuerpo. Pues resultó que sin toda la mierda de la ciudad -toda la cal y el cloro que nunca había matado a nadie y ahora sí- el agua sabía a veneno.

Tómate un gramo puro de coca y te morirás.

Así que Victoria, de tan pura, de tan perfecta, era simple basura. No había soul, blues, rock o el ingrediente que cualquier músico quisiera añadir a su ensalada. No había ningún Hendrix, Morrison o Clapton en ella. Así que lo repito. La perfección está sobre valorada.

Esa misma semana, tras media botella de bourbon, lancé mi Victoria contra la pared, después contra el asfalto desde mi ventana y, finalmente, contra el fondo de un contenedor de basuras.

Un mes más tarde, expulsado de mi meta como artesano y hundido en la mera supervivencia del día a día de los que vivimos sin sueños, acompañé a unos amigos a un club de mala muerte a escuchar a un chico nuevo que los rumores proyectaban como una leyenda. No me quedaba amor para ninguna música o guitarrista, junto a todos los viejos como yo, había dado sepultura mi era del rock.

Fue esa noche, con mis ojos hundidos en el fondo de mi trago, cuando la risa ronca de una vieja amiga despechada se burló de mí desde el escenario. Un llanto que desgarraba la sala por todas las Victorias sacrificadas. Y es que resulta que un pobre chico de la calle que no podía permitirse ni una armónica decente había rescatado una malherida guitarra del depósito, la había mimado, había curado sus heridas y ahora cantaban juntos por su desgracia. Jamás había escuchado tanta belleza nacer de algo tan impuro como mi enésimo fracaso. Ahí estaba, riéndose de mí. La voz más perfecta que ninguna guitarra podría jamás alcanzar, quebrada por su padre y salvada por un amigo, gritando ronca en medio de un escenario y seduciendo a cualquiera que antes pudiera haberla odiado.

Reí satisfecho.

Bendita imperfección, Dios salve todas las cosas impuras.

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charlesmarri

EL HOMBRE, EL NIÑO Y EL ECO

En la orilla de un pequeño lago, en medio de un claro en el bosque, siendo de noche e iluminado por la luz plata y azul de la luna, un niño miraba las ondas del agua. Era pequeño, vestía de blanco y tenía grandes ojos que entornaba para poder ver más allá de los juncos que, irregulares, sobresalían por aquí y por allá. El chico buscaba algo. O había perdido algo. El Hombre, curioso en su afán de aprender más y más, se acercó cauto, sin querer asustarle.

—Hola —dijo.

El chico ni le miró, seguía mirando a lo lejos, hacia la parte más oscura del lago.

—¿Has perdido algo? —insistió el Hombre.

Esta vez el chico pestañeó un par de veces, miró al hombre y habló.

—He perdido algo que tenía antes y no sé cómo recuperarlo.
—¿El qué?
—Mi eco.

El Hombre le miró extrañado. Un eco era difícil de perder.

—¿Cómo sabes que lo has perdido?
—Ya no lo siento como antes. Cuando hablo, el lago me lo devuelve débil, apagado. Y me da mucha pena. Tenía un eco fuerte, lleno de vida y ahora sólo es un susurro. Un susurro que cuesta oír.
—¿Puedo escucharlo?
—Sí, pero como te digo: es casi inaudible.

El chico miró al lago y gritó “ven”. El eco que rebotó contra la parte más oscura era, efectivamente, un eco muerto. O enfermo. Pero no era un buen eco.

—¿Qué puedo hacer? —gimoteó el joven —No quiero perderlo, pero él se niega a volver fuerte. Y grito con todas mis fuerzas. Grito con todas mis fuerzas…

El Hombre sintió ver al chico llorar. Se agachó y le miró.

—¿Has pensado que quizás no quiera volver? ¿Qué quizás ya no quiera seguir siendo un eco fuerte en este lago?
—Sí… pero… ¿por qué? Antes era muy fuerte. Yo quiero mi eco. Lo quiero.

Seguía llorando. El Hombre no supo qué hacer o qué decir. Era obvio que el chico se había encaprichado de su eco. Quizás fuera culpa del agua, que impedía crear un buen rebote de la voz, o quizás fueran los juncos, que al sobresalir atenuaban que éste llegara nítido.

—Déjame solo —dijo el chico.
—¿Estás seguro?
—Solo o acompañado no me iré de aquí.
—Espero que lo consigas si es lo que quieres, pero si ves que pasa el tiempo y tu eco no responde a tu voz, si él no escucha los gritos más desesperados de tu corazón, si es sordo a tus peticiones de necesidad… Bueno, hay otros lagos. No puedes echar raíces en un sitio que no te da lo que necesitas.

El Hombre se marchó tras decir esto. El chico seguía llorando y gritando, casi sin voz, para hacer volver a su eco. Al eco al que amaba.

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