#37 #38 No es como si, tras perder las elecciones de 1933, el partido socialista, a través de empresarios afines como Horacio Echevarrieta, hicieran un ingente acopio ilegal de armas. Armamento que, oficialmente, había sido comprado por esos empresarios para, supuestamente, ser exportadas a Abisinia (hay que tener en cuenta la guerra colonial de Mussolini en Abisinia, lo que, tras la "descolonización", se conoce como Etiopía), pero que acabaron almacenados en distintos lugares como la Casa del Pueblo de Madrid, en la Ciudad Universitaria, y en un edificio cerca de la Glorieta de Cuatro Caminos. Todo eso sin contar el armamento, parcialmente desembarcado clandestinamente en las costa de Asturias en Septiembre del 34, que era trasladado por el mercante Turquesa. Se pudieron incautar tres camiones cargados con armamento, pero no con la totalidad del material descargado
El descubrimiento de los alijos mencionados algo más arriba fue también por esas fechas, mediados de Septiembre del 34. Ahora, es curioso que la Revolución de Asturias (uno de los puntos de desembarco de armas), comenzara tres semanas después de dichas incautaciones.
Y ahora os pregunto, ¿por qué no se menciona, ni de pasada, éste suceso en los libros de historia del currículum escolar? En Bachillerato, se habla de Revolución del 34, pero no se mencionan, ni las afirmaciones previas de Largo Caballero de meses anteriores ("Que conste bien: el Partido Socialista va a la conquista del poder, y va a la conquista, como digo, legalmente si puede ser. Nosotros deseamos que pueda ser legalmente, con arreglo a la Constitución, y, si no, como podamos."), ni estos sucesos. Y, si es por falta de tiempo/extensión del temario, creo que se podría resumir en un par de frases. ¿Cuánto acaso ha ocupado éste comentario?
Y yo mismo os respondo: porque, si se mencionara, cambiaría mucho la percepción de los sucesos de Octubre, pasando de ser una Revolución, a algo que se asemejaba a un golpe de Estado. Lo cual es especialmente obvio, teniendo en cuenta todo el armamento que habían depositado en la capital del país, y cuyo principal uso se podía adivinar era hacerse con el control de la ciudad, y los órganos de Gobierno.