Hace 25 años me tocó en primera o segunda fila y me pasé la película moviendo la cabeza de lado a lado para ver pasar los coches.
Esta vez, como adulto responsable que pretendo aparentar, iré un día que no sea día del espectador y a una hora sin mucha chavalada para intentar disfrutarla de nuevo en pantalla grande.
Puede, incluso, que sea la primera vez que voy al cine yo solo. Pero la ocasión lo merece. Al fin y al cabo crecimos con esta mierda de medio kilómetro en medio kilómetro y de fumada en fumada.