El maravilloso mundo de las... citas!

Requisitos: cita proveniente de un libro que hayas leido.
Formato: Cita + Libro + Autor.
No se aceptan: ni citas sueltas, ni citas sin el formato indicado, ni tonterias varias.

Triss

Y hablando a través de él, el señor Whittier dice que los seres humanos necesitan aceptar la faceta de animales salvajes de su naturaleza. Que necesitamos alguna forma de agotar nuestros reflejos de luchar-o-huir. Esas habilidades que aprendimos durante los millares de generaciones pasadas. Si olvidamos nuestra necesidad de hacer daño y de recibirlo, si negamos esa necesidad y la dejamos que se acumule, es entonces cuando tenemos guerras. Asesinos en serie. Tiroteos en las escuelas. - ¿Estás diciendo que tenemos guerra - dice San Destripado - porque la gente se aburre fácilmente?- y el Eslabón Perdido dice: -Tenemos guerras porque negamos que nos aburramos fácilmente-.

Liberamos guerras. Luchamos por la paz. Combatimos el hambre. Nos encanta luchar. Luchamos y luchamos y luchamos, con armas, palabras o dinero. Y el planeta nunca es una pizca mejor de lo que era antes de nosotros.

El aire estará demasiado cargado de algo. Tu cuerpo siempre estará dolorido o demasiado cansado. Tu padre, demasiado borracho. Tu mujer será demasiado fría. Siempre tendrás alguna excusa para no vivir tu vida.

Fantasmas - Chuck Palahniuk.

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Triss

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Rayuela, cap. 7 - Julio Cortázar.

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Triss

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades fecales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿para qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.

La biblioteca de Babel - Jorge Luís Borges.

1 respuesta
Zh3RoX

#1743 Yo solo conozco a Jorge Luis ^^

1 1 respuesta
Triss

#1744 Ha sido el editor del teléfono, ya lo he corregido. :(

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Triss

Una chica vive durante diecinueve años en un pueblo ignorado, tan pobre que no puede siquiera comprar una revista, y entonces gana una beca para la universidad, un premio aquí, otro allá, y termina conduciendo Nueva York como si fuera su propio coche. Sólo que yo no conducía nada, ni siquiera a mí misma. No hacía más que saltar de mi hotel al trabajo y a fiestas y de las fiestas al hotel y de nuevo al trabajo, como si fuera un tranvía entumecido. Creo que tenía que estar tan emocionada como la mayoría de las demás chicas, pero no lograba reaccionar. Me sentía muy tranquila y muy vacía, como debe de sentirse el ojo de un tornado que se mueve con ruido sordo en medio del estrépito circundante.

La campana de cristal - Sylvia Plath.

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Triss

Mira, si el problema es el cerebro, ¿acaso la mayor diferencia no reside en la inmortalidad? ¿A quién le importa la apariencia, la constitución ni la evolución del cerebro? Lo que importa es que las células cerebrales mueren, que deben morir. Aunque se mantengan o se reemplacen los demás órganos, las células cerebrales, que no se pueden reemplazar sin alterar y matar la personalidad, deben morir con el tiempo. Mis sendas positrónicas han durado casi dos siglos sin cambios y pueden durar varios siglos más. ¿No es ésa la barrera fundamental? Los seres humanos pueden tolerar que un robot sea inmortal, pues no importa cuánto dure una máquina; pero no pueden tolerar a un ser humano inmortal, pues su propia mortalidad sólo es tolerable siempre y cuando sea universal. Por eso no quieren considerarme humano.

El hombre bicentenario - Isaac Asimov.

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14 días después
Triss

Porque, ¡ay!, si la heroína de una novela no es defendida por la de otra, ¿de quién puede esperar protección y consideración? ¿Cómo no vamos a sublevarnos contra esto? Dejemos que los periodistas censuren a sus anchas tales efusiones de la fantasía y ante cada nueva novela repitan los manidos y tontos argumentos con que la prensa gruñe en la actualidad.

La abadía de Northanger - Jane Austen.

Happy Birthday, Jane!

19 días después
Triss

Entró en tu alcoba por una ventana,
como el cuervo de Poe, y se posó,
con aire indiferente, en el alféizar.
Tú pensaste en seguida: «En ese pájaro
está la imagen de mi desastrosa
existencia, el espejo de mis males».
Creías que anunciaba otra desgracia
cuando voló hacia ti y buscó refugio.

36 en tu hombro, como si fuese el loro
de Long John Silver, pero no decía
nada desde su luto riguroso:
tan solo te miraba y te miraba.
Por fin rompió su tregua de silencio
y dijo lo siguiente: «Amiga mía,
soy el cuervo de Odín, no sé si Huginn,
el divino y alado Pensamiento,
o si soy Muninn, la Memoria sacra
(porque somos gemelos), pero vengo
—y esto sí que lo sé— a curarte el alma
y a devolverte la ilusión perdida.
Lo que pasó, pasó. Tendrás el mundo
a tu disposición si me haces caso.
Deja ya de enhebrar bobas metáforas
sobre el pájaro negro del dolor,
el fantasma de la melancolía,
las ruinas del espíritu o la cueva
de la angustia y de la desesperanza.
Deja ya de ensañarte con la vida
Por lo que, en tu opinión, te ha arrebatado.
Solo hay futuro. El sueño tiene alas.
Sé mi zorra, que yo seré tu cuervo».

El pájaro negro - Luis Alberto de Cuenca.

Triss

Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo.

El silencio - Poema de la siguiriya gitana - F. G. Lorca.

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Zh3RoX

Hasta entonces había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años discurren lentos y con paso ligero, de modo que nadie nota su marcha. Se camina plácidamente, mirando con curiosidad alrededor, no hay ninguna necesidad de apresurarse, nadie nos hostiga por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin aprensiones, parándose a menudo a bromear. Desde las casas, en las puertas, las personas mayores saludan benignas, y hacen gestos indicando el horizonte con sonrisas de inteligencia; así el corazón empieza a latir con heroicos y tiernos deseos, se saborea la víspera de las cosas maravillosas que se esperan más adelante; aún no se ven, no, pero es seguro, absolutamente seguro, que un día llegaremos a ellas. ¿Queda aún mucho? No, basta con atravesar aquel río de allá al fondo, con franquear aquellas verdes colinas. ¿No habremos llegado ya, por casualidad? ¿No son quizá estos árboles, estos prados, esta blanca casa lo que buscábamos? Por unos instantes da la impresión de que sí y uno quisiera detenerse. Después se oye decir que delante es mejor, y se reanuda sin pensar el camino. Así se continúa andando en medio de una espera confiada, y los días son largos y tranquilos, el sol resplandece alto en el cielo y parece que nunca tiene ganas de caer hacia poniente. Pero en cierto punto, casi instintivamente, uno se vuelve hacia atrás y ve que una verja se ha atrancado a sus espaldas, cerrando la vía del retorno. Entonces se siente que algo ha cambiado, el sol ya no parece inmóvil, sino que se desplaza rápidamente, ¡ay!, casi no da tiempo de mirarlo y ya se precipita hacia el límite del horizonte; uno advierte que las nubes ya no se estancan en los golfos azules del cielo, sino que huyen superponiéndose unas a otras, tanta es su prisa; uno comprende que el tiempo pasa y que el camino un día tranquilo tendrá que acabar también.

El desierto de los tártaros - Dino Buzzati

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ninha

Y la niña, Francie Nolan, era una mezcla de los Nolan y los Rommely. Había heredado las excesivas debilidades y la pasión por la belleza que caracterizaba a los Nolan. Era un mosaico que contenía el misticismo, las creencias, la compasión y la habilidad narrativa de su abuela Rommely. En ella se manifestaba la voluntad tiránica de su abuelo Rommely. También parte de la bufonería de la tía Evy y el marcado carácter posesivo de Ruthie Nolan. Tenía el apego a la vida y el amor por los niños de la tía Sissy; el sentimentalismo de Johnny, si bien carecía de su buen porte; y la suavidad de Katie, aunque sólo una parte de su temple. Era el resultado de todas estas condiciones, buenas y malas.

Pero no sólo era eso. Era todo lo que leía en los libros de la biblioteca; era la flor del florero marrón; era la parte del árbol que crecía firmemente en el patio; era la amargura de las peleas con su hermano, a quien adoraba; era el llanto desesperado y sigiloso de Katie; era la vergüenza del padre que regresaba ebrio a casa.

En ella había todo aquello y algo más que no provenía de los Nolan ni de los Rommely, ni de su afán por la lectura, ni de su don de observar, ni de su vida cotidiana. Era algo innato en ella y sólo en ella, diferente de los componentes de las dos familias. Ese toque sobrenatural que Dios o su equivalente pone en todas las almas a quienes infunde vida. Es lo que no permite que haya dos huellas dactilares iguales sobre la faz de la tierra.

Un árbol crece en Brooklyn ― Betty Smith

1
Triss

Aquella noche llegué al fatal cruce de caminos. Si me hubiera enfrentado con mi descubrimiento con un espíritu más noble, si me hubiera arriesgado al experimento impulsado por aspiraciones piadosas o generosas todo habría sido distinto, y de esas agonías de nacimiento y muerte habría surgido un ángel y no un demonio. Aquella poción no tenía poder discriminatorio. No era diabólica ni divina. Sólo abría las puertas de una prisión y, como los cautivos de Philippi, el que estaba encerrado huía al exterior. Bajo su influencia mi virtud se adormecía, mientras que mi perfidia, mantenida alerta por mi ambición, aprovechaba rápidamente la oportunidad y lo que afloraba a la superficie era Edward Hyde, y así, aunque yo ahora tenía dos personalidades con sus respectivas apariencias, una estaba formada integralmente por el mal, mientras que la otra continuaba siendo Henry Jekyll, ese compuesto incongruente de cuya reforma y mejora yo desesperaba hacía mucho tiempo. El paso que había dado era, pues, decididamente a favor de lo peor que había en mí.

Doctor Jeckyll y Mr. Hyde - Robert Louis Stevenson.

Triss

Sólo por ti mi pensamiento fugaz fluctúa
en las fantasías salvajes del corazón yerto.
Sólo por ti quiero ser un árbol, una montaña
vestida de hojas verdes desnuda en el invierno
del sufrimiento. Solo por ti sufro el dolor
que se renueva constantemente.

Soñar despierto - Mihály Vörösmarty.

1
ninha

El invierno es una época de apartarse del mundo, maximizar la escasez de recursos, llevar a cabo actos de brutal eficacia y desaparecer de la vista; pero es ahí donde se produce la transformación. El invierno no es la muerte del ciclo vital, sino su crisol. Una vez que dejamos de desear que sea verano, el invierno puede ser una estación gloriosa en la que el mundo adquiere una belleza escasa y hasta las aceras brillan. Es un tiempo para reflexionar y recuperarse, para reponerse lentamente, para poner orden en casa.

Invernando: El poder del descanso y del refugio en tiempos difíciles — Katherine May

1
12 días después
GenBe

Se decía que Dios, para poder probar a la especie humana, que estaba henchida de orgullo como en tiempos de Noé, había ordenado a los hombres sabios de la época, entre los que se hallaba el beato Leibowitz, que ideasen grandes máquinas de guerra como nunca habían existido en la Tierra; armas con tal energía, que encerrasen los propios fuegos del infierno. Consintió que esos magos colocasen las armas en manos de los príncipes y les dijesen a cada uno de ellos: «Sólo porque el enemigo tiene tal instrumento, hemos ideado éste para ti, para que sepa que tú también lo tienes y no se atreva a atacarte. Piensa, mi señor, que los temiste a ellos tanto como te temen ahora a ti y que ninguno usará esta horrible cosa que hemos creado».

Pero los príncipes, haciendo caso omiso de las palabras de sus hombres sabios, se dijeron: «Si ataco lo suficientemente aprisa y en secreto, destruiré a los demás mientras duermen y no habrá nadie que me responda; la Tierra será mía».

Tal fue la locura de los príncipes, y a ella siguió el Diluvio de Fuego.

Cántico por Leibowitz - Walter M. Miller, Jr.

2
Triss

Maus: Relato de un superviviente - Art Spiegelman.

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Triss

Yo estaba por allí, matando el tiempo,
tomando el sol quizá, disimulando
el horror que la gente me inspiraba
detrás de una expresión dulce y afable,
cuando tú aniquilaste mi tristeza
con solo aparecer ante mi vista,
y supe que la gloria del deseo
se instalaba en mi alma para siempre.
Y a ti te pasó igual (lo que es más raro,
teniendo en cuenta que yo no era príncipe
y me sobraban unos cuantos kilos),
y empezó nuestra historia de amor loco,
que hoy continúa viva, tantos años
después, y que mañana estará viva
y siempre vivirá, porque está hecha
de la misma materia incombustible
con que se hacen los mitos y los sueños.

La Sirenita - Luís Alberto de Cuenca.

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TheDomicus

Flores de un día

María.- Aquel día de campo,
de vuelta a casa,
con la ropa aun vomitada,
pregunté a mi madre
cómo podían divertirse
en el mismo lugar
donde levantaron un cadáver:
"Para seguir con vida
hay que olvidar.
Siguen naciendo niñas,
aquí y en Pekín,
aquí y en China".

Pausa

¿Llamaron al olvido
"benzodiacepinas"?
¿Te olvidó la justicia
sin necesidad
de benzodiacepinas?

Pausa. A Laura.

Hasta tu nombre
se fue deshojando.
Se le cayeron las sílabas,
los pétalos:
"Me quiere, no me quiere".
Nadie pronunció tu nombre,
ni siquiera en vano.
Nadie recuerda
la pasión de Ifigenia
ofrecida en holocausto.
¿Dónde se pudren los cuerpos
de las niñas desaparecidas?
Y yo vuelvo a ser una niña
cuando regreso de noche,
sola, a casa.
Más pequeña que pequeña.

Grita

"Sola, borracha,
quiero volver a casa".

María corona a Laura con laurel, como a un emperador romano.

Laura viene de laurus, "laurel".
Por extensión, significa "victoria".
Retorna, Laura,
no nos dejes en paz.
Manifiéstate,
atraviesa paredes.
Convierte tus manos y tus pies
en descomposición
en bromas pesadas.
Asústanos: ¡Bu!
Atorméntanos: ¡Bu!
Cambia los objetos de lugar,
deshaz las camas y roba la paz
de los que aún duermen.
Transfórmate en muerta viviente,
vampira, mujer loba,
sirena que canta con voz horrísona
para asustar y atormentar
a la gente normal...
Y si ya no creen en los fantasmas,
sé el cambio climático,
el meteorito que choca contra la Tierra.
Ofrece caramelos a los pederastas
para engatusarlos. Y danza descalza
sobre el quicio de su masculinidad.

HAY HERIDAS QUE NO ACABAN EN SÍ MISMAS. SE LLAMAN A LOS GRITOS LAS UNAS A LAS OTRAS.

Y SUS GRITOS SON IGUAL QUE LOS DE LAS PASTORAS DE TIERRAS REMOTAS: PROFUNDOS, DE UN SOLO ALIENTO.

¿POR QUÉ TE MANTENÍA EN UN ALTAR EN MI CORAZÓN?

NUNCA TE HE CONOCIDO, LAURA, SIEMPRE TE HE RECORDADO: CON TU CINTA BLANCA Y TU VESTIDO MARINERO. CON LAS CEJAS TUPIDAS.

¿PUEDE UN RECUERDO TENER CEJAS ESPESAS? Y OJOS COMO ESCARABAJOS PANZA ARRIBA.

TODAVÍA, EN ALGÚN LUGAR DE MI MEMORIA, LAURA ESTÁ ACOSTADA EN EL RÍO, CON SU NIÑEZ ABIERTA.

Primera sangre - María Velasco

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ninha

— Uno no conoce la vida de otro si sólo conoce los hechos visibles. Los hechos exteriores no se diferencian tanto en la vida de cada uno. Para conocer la vida de otro hay que conocer sus sueños, sus estados de ánimo. Saber qué relación existe entre él y su mujer, conocer sus decepciones, sus enfermedades y su muerte.

— Ya no podemos pasear por el Wandelweg. Cada pequeño grupillo de dos o tres árboles lo han declarado bosque y han colocado una pequeña placa donde pone: prohibido para judíos. Y cada vez hay más de esas pequeñas placas, en todas partes. Pero aun así queda suficiente espacio, donde uno puede pasar el rato y vivir y estar contento y hacer música y amar.

— Pero ahora sólo soy yo misma, Etty Hillesum, una estudiante aplicada en una habitación agradable con libros y un florero con margaritas. Estoy otra vez en mi propio cauce estrecho y se ha roto nuevamente el contacto con la «humanidad», la «historia mundial» y el «sufrimiento». Así debe ser, si no, es para volverse completamente loco. No hay que perderse siempre en las grandes cuestiones, no se puede ser siempre un campo de batalla. Hay que saber sentir los propios límites alrededor. Dentro de ellos cada uno sigue viviendo su pequeña vida de forma meticulosa y consciente, paulatinamente cada vez más madura y más profunda por las experiencias que se adquieren en esos momentos casi «impersonales» de contacto com toda la humanidad.

Diario - Etty Hillesum (1941-1943).
El cuadro es «A garden terrace» de Evert Pieters.

2
7 días después
ninha

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste...

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

La Higuera ― Juana de Ibarbourou

1
c0b4c

The acceleration of scientific and technological development has become
so obvious that one does not have to be an expert to notice it. [...].
When the entire life of a future generation ceases to be a repetition of their parents’ lives, what kinds of lessons
and instructions can the old, experienced as they are, offer to the young?
This disruption to the models of activity and their ideals by the very ele-
ment of constant mutation is actually masked by another process, one
that is more distinctive and that certainly has more serious immediate
consequences. This process involves accelerating the oscillations of the
self-awakening system of positive feedback with a very small negative
component, that is, the East–West system—which, in recent years, has
been oscillating between world crisis and détente.

Summa Technologiae, Stanislaw Lem

3
ninha

¿Es posible vivir tranquilo en nuestros tiempos, cuando se tiene corazón?

Guerra y Paz ― Lev Toltstói.
El cuadro es «Un rincón en el jardín de Bellevue» de Edouard Manet.

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