Tengo 32. Desde los 5 años he estado ayudando a mi padre en el negocio familiar. Desde ese punto hasta hoy, no he parado: desde currillos a media jornada a trabajos indefinidos donde no veía el momento de que empezara el día siguiente para empezar de nuevo la jornada. Sesiones de curro de horas y horas trabajando en el bar de turno. Días sin poder pensar con lucidez pensando en lo chulo que iba a ser el ascenso a gerente de X empresa de hamburguesas.
Hoy y desde hace unos años, todo eso se ha acabado. Echo currículums en trabajos a los que no voy ni a la entrevista. Empiezo algún curro nuevo y a las horas lo dejo. Ya no soy competitivo con los compañeros y no me esfuerzo como si la empresa fuera mía. Ya no me aportan nada las jornadas intensivas y ni echo horas extras. Los estudios que me pagaba la empresa abandonados.
¿Linkedin? Abandonado.
El curro en el taller lo dejé en cuanto salió el Mario Kart World.
¿Los domingos haciendo de arbitro en el pueblo? ni olerlos, hay un nuevo Fififta.
Me paso el día jugando y los pocos ratos que echo currando me los paso haciendome pajas a la crema en el baño, o echando ratos muertos yendo a beber agua y estando de cháchara con los compañeros para ver qué hacemos por la noche en el CS. Todo menos currar.
Quizá nunca fui “adulto”. Quizá nunca lo sea. Mientras, sigo mirando las ofertas de trabajo, albergando la esperanza de que con ese curro me siga dando lo que durante tanto timepo me hizo feliz.
Puta vida de gamer.

