Entretiene, está bien interpretada, tiene buenos diálogos y situaciones, y las obsesiones de los ricos me parecen creíbles. Me ha sorprendido interpretativamente Alexandra Daddario, aunque el mejor personaje es el gerente del hotel (no me sonaba el actor Murray Bartlett, así que me ha dado por buscarlo y es el que interpreta a Frank en el gran episodio 1x03 de The Last of Us).
Entiendo que lo que quieren contar es una sátira de clases donde los ricos van al resort para solucionar sus problemas encontrando una catarsis a costa de absorber y/o destrozar la vida de los empleados.
spoilerComo se puede ver con el marido joven y caprichoso (Jake Lacy) que se obsesiona con su habitación tomándola con el gerente en vez de disfrutar del resort. También con la soltera depresiva con las cenizas de su madre (una repelente Jennifer Coolidge), que debería ir a terapia en vez de chuparle la energía a Belinda, la responsable del spa; y también con la amiga de Sydney Sweeney, que le come el tarro al pobre chico hawaiano con los abusos imperialistas para que robe los brazaletes a una señora que no le ha causado ningún mal.
Sin embargo, también hay ricos que tienen subtramas más amables, como el padre interpretado por Steve Zahn, que tiene una crisis nerviosa por motivos de salud e intenta reconectar con su hijo y su esposa, o la misma subtrama del hijo adicto a las pantallas (Fred Hechinger) que descubre, literalmente, la vida y el contacto con las personas.
Y luego está la cerrada de boca que les meten los padres conservadores a las dos petardas adolescentes (que acaban siendo hipócritas y quedándose del lado de su fortuna por mucho que vayan de justicieras sociales) con argumentos apabullantes.
La madre (Connie Britton) tiene razón diciendo que “la mayoría de esos activistas, en realidad, no desean desmantelar el sistema capitalista, sino que buscan una silla mejor en la mesa del poder”. Y el padre también tumba sus quejas diciendo que “nadie quiere ceder sus privilegios porque van contra la naturaleza humana y todos intentamos tener la mejor vida posible, y que no tienen por qué sentirse mal por unos crímenes pasados que no han cometido”.