Dídac Fernández Fernández, 20 años, León
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-“Olvídate de la aldea, Anjín-San. Pueden ocurrir mil millones de cosas antes de que terminen los seis meses. Un maremoto o un terremoto, o que devuelvan tu barco y te marches de aquí, o que Yabú muera, o que muramos todos, ¿quién sabe? Deja a Dios los problemas de Dios, y el karma, al karma. Hoy estás aquí y nada de lo que hagas puede cambiar este hecho. Hoy te sonríe la fortuna. Contempla esta puesta de sol. Es hermosa, ¿neh? Esta puesta de sol existe. El mañana no existe. Sólo hay el presente. Mira, por favor. Esta puesta de sol es bella, y nunca volverá a ser, nunca en toda la eternidad. Fúndete con ella, identifícate con la Naturaleza y no pienses en el karma, en el tuyo, en el mío o en el de la aldea.” – [Shôgun] de James Clavell –.
“—Mamita, no es verdad…Hatsumono estaba en la casita de las criadas con su novio. Está enfadada por algo y la ha tomado conmigo. ¡Yo no le he robado nada!
Mamita no dijo nada. Ni siquiera estaba segura de que me hubiera oído. Hatsumono no tardó en salir de su habitación diciendo que le faltaba un broche.
— ¡Mi broche de esmeraldas, Mamita!—repetía y lloraba, fingiendo como una buena actriz—. ¡Ha vendido mi broche de esmeraldas a ese hombre horrible! ¡Era mi broche favorito! ¿Quién se cree que es para andarme robando así?
—Cachead a la niña—dijo Mamita.
Una vez, cuando tendría unos seis años, estaba viendo a una araña tejer su tela en un rincón de nuestra casa. Antes incluso de que la araña hubiera terminado, un mosquito cayó en la tela y quedó atrapado en ella. Al principio, la araña no le prestó ninguna atención, y siguió con lo que estaba haciendo; sólo cuando terminó, se incorporó sobre sus larguiruchas patas y mató al mosquito. En ese momento, viendo acercarse a mí los delicados dedos de Hatsumono, supe que estaba atrapada en la tela que ella había tejido. No podía encontrar una explicación para el dinero que llevaba bajo la banda. Cuando Hatsumono me lo sacó, Mamita se lo quitó de la mano y lo contó.
—Has hecho una tontería vendiendo un broche de esmeraldas por tan poco dinero—me dijo—. Sobre todo porque te va a costar mucho más de eso devolverlo.
Se metió el dinero debajo del camisón, y luego le dijo a Hatsumono:
—Has traído aquí a tu novio esta noche.
Hatsumono se quedó desconcertada; pero no dudo al responder:
— ¿Qué te hace pensar tal cosa, Mamita?
Se produjo un largo silencio, y luego Mamita le dijo a la Tía:
—Sujétala.
La Tía agarró a Hatsumono por los brazos y la sujetó por detrás, mientras que Mamita le abría el kimono a la altura de los muslos. Pensé que Hatsumono se iba a resistir, pero no lo hizo. Me lanzó una gélida mirada, mientras Mamita le levantaba el hoshimaki y le separaba las piernas. Luego metió la mano entre ellas, y cuando la sacó, tenía húmedas las yemas de los dedos. Las juntó y las olisqueó. Tras lo cual, le dio una bofetada, dejándole la cara cruzada con un surco húmedo.” – [Memorias de una Geisha] de Arthur Golden –.
“— ¡Oh, señora! Daría lo que fuera por reparar mis errores —dije—. Han pasado más de dos años. He esperado pacientemente confiando que me surgiría alguna oportunidad.
— Esperar pacientemente no es algo que vaya contigo. Me doy cuenta de que tienes una gran cantidad de agua en tu personalidad. El agua nunca aguarda. Cambia de forma y fluye alrededor de las cosas y encuentra pasos secretos en los que no ha pensado nadie—el agujerito en el tejado o el fondo de una caja—. No cabe duda de que es el más versátil de los cuatro elementos. Puede asolar la tierra; puede apagar el fuego; puede tragarse un trozo de metal y arrastrarlo. Ni la madera, que es su complemento natural, no puede sobrevivir sin el alimento del agua. Pero pese a todo, no te has inspirado en estas fuerzas para vivir tu vida, ¿no es así?
—Estoy segura de que eres una chica lista, Chiyo, pero no creo que ése fuera tu momento más inteligente. Quienes tenemos mucha agua en nuestras personalidades no escogemos hacia donde nos lleva el paisaje de nuestras vidas.
—Supongo que soy como un río que se topa con una presa, y esa presa es Hatsumono.
—Sí, probablemente eso es cierto—dijo ella mirándome tranquilamente—. Pero a veces los ríos se llevan las presas.” – [Memorias de una Geisha] de Arthur Golden –.
[En Proceso]
El buen Whisky
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